-
Apuntes tras la movilización frente al Congreso
“En algún momento hay que pegar el salto”, fue dicho por un estudiante de secundaria (16 o 17 años) que estaba en la marcha frente al Congreso.
Fecha de Publicación: 16-10-2026
Por Pablo Solana - Ancora Red
El textual del título, “En algún momento hay que pegar el salto”, fue dicho por un estudiante de secundaria (16 o 17 años) que estaba en la marcha frente al Congreso. Más precisamente, estas fueron sus palabras, cuando la represión ya se había desatado: “Es lógico tener miedo, pero en algún momento hay que pegar el salto y empezar a combatir, hacer lo que haga falta”. Uno de sus compañeros agregó: “Somos hijos de trabajadores, es importante que peleemos por todos”.
Como toda persona medianamente informada, los pibes sabían lo que iba a pasar: el gobierno ordenaría una represión para meter miedo, como parte de su apuesta estratégica que es quebrar la voluntad de lucha del pueblo, desmovilizar. Esta vez, sin embargo, la jornada tuvo su particularidad. Hay elementos auspiciosos, a pesar del fracaso parlamentario en el intento de voltear el DNU 70/23 y la prepotencia gubernamental. Estos son algunos puntos fuertes que no debemos dejar pasar.
1. Conflicto universitario I: no fueron solo marchas. La toma del Palacio Pizzurno el 7 de octubre sorprendió al gobierno y envalentonó a los estudiantes. Entraron por la fuerza, mantuvieron una sentada y forzaron a las autoridades a atender el reclamo, todo en medio de un esquema de seguridad desbordado por el efecto sorpresa y por la decisión del grupo que planificó la toma. Con ese antecedente, se llegó al día 15 con asambleas en decenas de universidades, tomas en unas cuantas y no solo de Buenos Aires, vigilias, sentadas y semaforazos en colegios en distintas ciudades. En una lucha encabezada por dirigentes del sector poco propensos a la confrontación, la acción directa por abajo gana espacio.
2. Conflicto universitario II: ya nadie está a salvo. Un análisis más o menos compartido hasta ahora decía que el gobierno sabía que no era el mismo costo si reprimía a desocupados o jubilados revoltosos, que si se metía con la comunidad universitaria; que había un factor de clase (media, pequeño burguesa) que de algún modo “protegía” las movilizaciones por la universidad pública. Bueno, eso ya no pasa. A diferencia de las cuatro anteriores, esta marcha fue enfrentada sin contemplación. ¿Cuánto falta para que se animen a reprimir, también, una marcha por el 24 de marzo?
3. La movilización se sostiene a pesar de los gases. Ya venía pasando en marchas anteriores, pero esta vez la consistencia de la movilización popular se plasmó en una imagen poco habitual. Además del activismo que resiste, de la “juventud revueltista” que se va forjando en cada enfrentamiento con la cana, en el Congreso esta vez convivió el acto de la Universidad con escenas de enfrentamientos en paralelo, a pocos metros, sobre Hirigoyen y sobre Rivadavia. Los dirigentes de la FUA terminaron el acto lagrimeando por los gases. Si hace un año el Frente de Sindicatos Unidos, Fresu, había instalado un palco casi sobre avenida de Mayo para distanciarse de los revoltosos, esta vez el escenario estuvo lejos de las vallas, pero ocupando el centro de la Plaza. Es saludable la decisión de ocupar el espacio público pese a la certeza represiva, más allá de las críticas a la dirigencia de las Universidades.
4. “Es importante que peleemos por todo”. La convocatoria universitaria fue central, pero también estuvo en agenda la defensa de la Ley de Tierras (desdibujada por el paso atrás de la Corte), la Emergencia en Discapacidad, y la posibilidad de voltear el DNU 70/12. Por fuera de las agrupaciones estudiantiles y las columnas universitarias, se vio una cantidad importante de manifestantes que estaban allí “por todo”. El antecedente de la Marcha de la Bronca no es circunstancial: aún no es masivo, pero crece un ánimo de confrontación política en las calles contra el gobierno, que no se ciñe a tal o cual “defensa” reivindicativa puntual.
5. “Empezar a combatir, hacer lo que haga falta”. Dicha por un pibe de colegio, la frase debe ser puesta en su contexto y en la perspectiva de largo plazo. Pero la claridad de esa sentencia no se limita al activismo estudiantil que se va radicalizando. El enfrentamiento a la represión es cada vez más organizado. La influencia de la revuelta chilena gana espacio: esta vez se vieron baldes apaga-gases y guantes para devolverlos, a ambos lados de la plaza; también aparecieron músicos trompetistas, no ya en las columnas, sino acompañando al activismo de la resistencia: dando ánimo a quienes combaten. Esa mística legítima y necesaria no alcanza para neutralizar las voces que siguen señalando “infiltrados”, pero son síntomas de vitalidad en la revuelta que sería un error pasar de largo.
Hay más aspectos a analizar: dentro de la revuelta, pegarle a un periodista o romper un banco de plaza a mazazos, resta; apoyar las actitudes de resistencia no implica hacerlo ciegamente, sin el debate sobre aciertos y errores que siempre es necesario. Hubo un conjunto de diputados que intentó acercarse a la movilización una vez caída la sesión; pareció un intento fallido, con el riesgo de quedar como actitud estéril, para las cámaras; podría cuestionárseles el sentido más profundo de prestarse a legislar mientras disparan contra el pueblo, tal vez haya allí otro necesario debate. Estas y otras cuestiones quedan apuntadas, para ir conversando. Para que nos encuentren mejor organizadxs las próximas batallas.