• El 15 en Rosario

Fecha de Publicación: 18-10-2026

Por Marta Suarez-FSN-Rosario

La movida comenzó el día anterior, cuando en asambleas estudiantiles se resolvía la toma de algunas facultades, como reacción primaria a la liquidación de la Educación Pública del gobierno.

Será por eso que mucho antes de la hora fijada para encontrarnos, la plaza estaba llena, y las calles cortadas porque la San Martín comenzaba a quedar chica.

Un nubarrón oscuro descargó gotas gruesas, como provocando, pero nadie dejó su sitio, salió de nuevo el sol y los redoblantes imponían el ritmo para seguir andando. La esquina de Córdoba y Dorrego fue elegida para la cabecera. Y por ambas calles las columnas de centros de estudiantes, de organizaciones estudiantiles, los secundarios y la comunidad educativa en general ocupaban los primeros tramos. Pero como decían en las consignas… “traigan al peluca para que vea… que el pueblo pelea..” y descargaban varios reclamos. La educación, las tierras, la ciencia, las riquezas, el laburo, las jubilaciones… La Patria. Y estaban ahí, entonces, las organizaciones barriales y pueblos originarios, gremios que siempre están y los que se van arrimando, los jubilados y jubiladas que resisten, los partidos y organizaciones políticas, los organismos de DD.HH., bibliotecas populares, el ejército de payasos, las organizaciones feministas y de disidencias, centros culturales, radios comunitarias. 

Las calles ya rebozaban y la plaza seguía llena de las y los que miraban como eligiendo con qué pancarta, con qué bandera, unir el cartel casero, el trapo recién hecho, la camiseta de la selección.

Cuando la magia emergía, como lo hace siempre que la lucha convoca, de nuevo la lluvia intentó demorar, dispersar… pero  nadie dejó su sitio. La convicción era marchar y así pasó. Por todo el centro Rosarino para llegar al Monumento y abrazar la plaza de las Madres en el camino.

Después el escenario, el micrófono, la determinación de defender la Educación, la Soberanía, la Patria. El convite a profundizar la unidad, a convertir en un solo puño todos los reclamos, todas las necesidades, todas las voces.