• Lo que está cambiando en el planeta 3

Fecha de Publicación: 24-09-2026

Documento oficial del FSN

La militancia popular que compone el Frente por la Soberanía Nacional expone al conjunto del pueblo argentino un pequeño documento en el que tratamos de sintetizar los puntos que describen la situación actual. Quisimos abarcar la disputa central y las implicancias directas en el mundo, América latina y nuestro país en particular.

 

¿Qué es lo que está cambiando?

 

Creemos que existe la necesidad de renombrar lo que nos pasa, en parte para registrar adecuadamente el momento ¿es el capitalismo lo que ha cambiado?

Con acierto hemos caracterizado en anteriores documentos que esta etapa es un momento del capitalismo como sistema global en el que, pese a la disputa entre los sectores dominantes, el marco político sigue siendo una plutocracia, donde gobiernan los sectores que más poder tienen. También fue acertado considerar que el capitalismo sigue en el derrotero de resolver sus crisis siempre dentro del mismo sistema económico.

Cuando se habla de tecnofascismo, se apunta justamente al carácter político de un sistema que sigue siendo capitalista. Sin embargo, si asumimos el termino tecnofeudalismo nos referimos principalmente a un sistema de relaciones de producción, sin apuntar convenientemente al sistema político que lo materializa.

Por esta razón, creemos que plutocracia es la definición que más se aproxima a la nueva cara política del capitalismo que, sin duda, hoy es fascista y semi feudal. Pero es la riqueza, el capital concentrado quien lo promueve y esa riqueza proviene de la tecnología financiera de donde emana el poder.

Esta es sin duda una nueva revolución tecnológica. Como aquella primera industrial que comenzara en Inglaterra, esta vez desde Silicon Valley como centro, luego Japón y China. Pero aquel capitalismo industrial original sucedía en ámbitos colectivos de trabajo, con un modo de producción socializante, al contrario de la actual explosión de unidades fabriles robotizadas que funcionan a oscuras, todos los días y sin mano de obra humana.

La división del trabajo imperialista desindustrializa a los países dependientes y automatiza la industria de las potencias que dominan las tecnologías que, por su propia característica, desarticulan la comunidad y ofrecen el contexto y las herramientas perfectas para desarrollar un individualismo extremo con su consecuente colonización de la subjetividad.

Si agregamos el meteórico desarrollo de la inteligencia artificial, la posibilidad se potencia casi al infinito. Por ejemplo, influyendo en los procesos electorales del patio trasero americano. Por primera vez los grupos de poder cuentan con capacidades de dominación jamás antes vistas por la humanidad, por eso hablamos de un cambio civilizatorio.

En documentos anteriores sobre la desterritorialización en cuanto a la pérdida de soberanía, nos referíamos no solo a la geografía sino también a la cuestión subjetiva, desde el tipo de conciencia que surge de esa pérdida de territorio.

En su Crítica de la Economía Política de 1859, Karl Marx explica que las fuerzas productivas y las relaciones de producción entran en conflicto cuando la tecnología y la capacidad humana crecen tanto que la propiedad privada y las leyes vigentes frenan el progreso social, dando origen a una revolución. Ahora, la propiedad privada individual entra en conflicto con los fondos de inversión, produciendo una nueva apropiación de tierras y territorios.

Esta lucha también se da en las mentes de las militancias populares revolucionarias, es el ser subjetivo que nos traiciona cuando creemos ver en los marcos de la república burguesa un límite para las atrocidades del imperio y sus socios.

La lucha no es contra las comunicaciones hegemónicas, ni contra la inteligencia artificial. Sería correcto, pero no tenemos recursos para hacerlo y, en todo caso, es complementaria de otra que nos debemos. Por lo que sí debemos luchar, junto a las fuerzas progresistas del mundo, es por la soberanía digital.

Nuestra lucha, como la de todos los pueblos que han logrado la liberación, es poner todas nuestras energías humanas, solidarias, en la construcción de una nueva subjetividad, ya que si nos circunscribimos a responder a la agenda que nos impone el gobierno sólo aguantamos inermes la maldad y así nos gana el enemigo. Éste quiere que nos dediquemos a él todo el día, y lo logra si sólo nos abocamos a la queja de sus medidas inconstitucionales, de lo grave que es este despojo colonial, de lo enfermo que es, de que la mayoría del pueblo está callado o no se moviliza, no acciona. Debemos consolidar y acrecentar nuestra energía positiva, la que surge de la lucha. Debemos responder con odio de clase a la maldad capitalista, construyendo a la vez con fuerza unitaria la resistencia.

Lo dicho, sobre la energía positiva, parece una cita religiosa, pero no lo es; o si, en función de saber que cuando un pueblo está unido por un ideal produce una resistencia y una acción imposibles de frenar. La mística revolucionaria en los 70, de una militancia en su mayoría atea o agnóstica, era el convencimiento de la lucha por una patria justa y liberada. Dispuestos a darlo todo por el otro.

La palabra es acción, como bien dicen los filósofos. Si la palabra es acción “contra” esto, “contra” lo otro, perdemos. Si damos otro valor a la palabra acción, debería ser “por” el bienestar, “por” la salud, “por” la dignidad. Si esto se multiplica, veremos cómo se irá conformando una muralla de resistencia y avance contra la crueldad.

Es la práctica de cada día, militando con la sabiduría de los grandes líderes como Fidel, como Ho Chi Minh, retomando la cosmovisión de los pueblos originarios es como avanzaremos y superaremos esta tragedia que vivimos.