• Esta científica está siendo perseguida por el Estado

Fecha de Publicación: 24-09-2026

Por Koly bader-FSN-Tucumán

Virginia Aparicio es ingeniera agrónoma, doctora en Ciencias Agrarias e investigadora del CONICET. Desde hace más de dos décadas trabaja en la Estación Experimental Agropecuaria Balcarce del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA). Su campo de estudio no se limita a medir cuánto producto se aplica en un lote: busca reconstruir el recorrido de los plaguicidas una vez liberados al ambiente, su persistencia, sus mezclas y las vías por las que pueden alcanzar a poblaciones rurales y urbanas.

Hoy, por sus investigaciones encargadas por el propio INTA, esta en proceso de despido.

Virginia Aparicio era parte de un equipo de investigadores designados por el INTA para trabajar en el marco de un convenio con SPRINT —Transición Sostenible de Protección Vegetal: un Enfoque de Salud Global—, un proyecto financiado por el programa Horizonte 2020 de la Unión Europea e integrado por instituciones de distintos países, la FAO y el INTA. Aparicio coordinó el capítulo argentino, realizado en 2021 en localidades del sur bonaerense. El diseño reunió muestras ambientales, productivas y biológicas para observar de manera conjunta la exposición de personas, animales y ecosistemas.

El laboratorio del INTA Balcarce bajo su responsabilidad estudió la presencia de plaguicidas en el partido bonaerense de Lobos. Las muestras abarcaron lluvia, agua subterránea y superficial, sedimentos, vegetación y suelos. lavaca informó que se detectaron diez plaguicidas en agua de lluvia, once en agua subterránea, doce en agua superficial, siete en sedimentos de la laguna, seis en material vegetal urbano y cinco en suelos. Algunas muestras de agua superaron los valores de referencia utilizados por la Unión Europea.

La relevancia del estudio estaba en mirar la contaminación como un fenómeno de circulación. Los compuestos no quedaban necesariamente dentro del lote fumigado: podían desplazarse por el aire, depositarse con la lluvia, filtrarse hacia las napas o acumularse en sedimentos y organismos. La pregunta científica dejaba entonces de ser solamente qué sustancia se aplicó y en qué dosis, para incluir dónde terminó, durante cuánto tiempo persistió y a qué mezclas quedó expuesta la población.

La disputa por publicar

El 21 de junio de 2023 Aparicio tenía previsto presentar en detalle los resultados del mapeo biológico, pero la Dirección Nacional del INTA ordenó suspender la reunión y sostuvo que ese tipo de análisis no correspondía a las incumbencias del organismo. La controversia instaló una pregunta de fondo: si una institución dedicada a la producción agropecuaria debe limitarse a evaluar rendimiento y manejo de cultivos o si también debe investigar los impactos ambientales y sanitarios del modelo productivo que estudia.

El presente mes el Consejo Directivo del INTA habría ratificado la exoneración de la investigadora y que Aparicio aguarda la notificación formal. Esto generó el reclamo del gremio APINTA y de organizaciones científicas y sociales, que describieron el proceso como persecución y censura. Al momento de esta publicación, la situación administrativa aparecía presentada como una decisión en trámite, pero Virginia está suspendida y censurada.

El centro del trabajo de Virginia Aparicio era concreto: convertir en datos medibles aquello que muchas comunidades describían como una exposición cotidiana. Sus investigaciones siguieron a los plaguicidas desde el suelo y el agua hasta las muestras biológicas humanas, sin reducir el problema a una única molécula ni a un único punto de contaminación. Ese enfoque permitió observar mezclas, persistencias y trayectorias que el control tradicional, concentrado en el momento de la aplicación, podía dejar fuera de cuadro.

Por eso el caso excede la trayectoria de una investigadora. Discute qué preguntas puede formular la ciencia pública, quién decide cuándo sus resultados están listos para circular y qué responsabilidad tienen los organismos estatales frente a evidencias que pueden orientar políticas de prevención. En una región atravesada por el uso intensivo de agroquímicos, investigar su presencia en el ambiente y en los cuerpos no equivale a dictar una sentencia sanitaria: significa producir información para que la sociedad pueda discutir riesgos, controles y alternativas con evidencia.

Medicamentos y agroquímicos bajo un mismo grupo empresario

La investigación sobre plaguicidas también pone bajo la lupa una característica de la industria química global: algunos grupos que producen medicamentos para uso humano participan, al mismo tiempo, del negocio de los agroquimicos. En la Argentina, el ejemplo más directo es Bayer. La propia compañía reúne en su catálogo local analgésicos, antiinflamatorios, productos cardiovasculares y dermatológicos —como Actron, Aspirinetas, Bayaspirina y Empecid— junto con herbicidas, fungicidas e insecticidas —entre ellos Adengo, Cripton, Belt y Movento y sobre todo Roundup, la marca de glifosato—Además, informa que su planta de Pilar fabrica comprimidos de venta libre, mientras que su división agrícola comercializa semillas y productos para el control de malezas, hongos e insectos.

Otro caso que requiere una formulación más cuidadosa es Sumitomo. Sumitomo Chemical Argentina ofrece en el país herbicidas, fungicidas, insecticidas y tratamientos de semillas. En el plano internacional, el grupo tiene actividades vinculadas con ingredientes farmacéuticos y soluciones médicas, y Sumitomo Pharma desarrolla medicamentos humanos en áreas como neurología, psiquiatría, diabetes y enfermedades raras. Sin embargo, no corresponde presentar esas actividades como si fueran realizadas por una única fábrica argentina: se trata de sociedades y divisiones diferenciadas dentro de un mismo conglomerado.

En resumen, los que nos enferman fabrican también medicamentos y el Estado Argentino persigue a los científicos que investigan la profundidad o gravedad de la situación. Ni siquiera permiten que conozcamos los resultados de la investigación. Esto sugiere que sin duda hay daño para la población y los intereses económicos lo quieren mantener en secreto.

Empresas con actividades farmacéuticas y agroquímicas

Empresa o grupo

Medicamentos humanos — ejemplos

Agroquímicos — ejemplos

Alcance en Argentina

Bayer

Actron, Aspirinetas, Bayaspirina, Cafiaspirina, Bepanthen, Empecid y Redoxon, comercializados en Argentina; y Xarelto (rivaroxabán), medicamento de prescripción de industria alemana.

Adengo, Cripton, Belt, Movento y Roundup (herbicida a base de glifosato)

Fabrica comprimidos de venta libre en Pilar y comercializa productos agrícolas mediante Crop Science. Tras completar la compra de Monsanto en 2018, Bayer quedó como propietaria de ese negocio y mantiene en su cartera Roundup, herbicida a base de glifosato.

Grupo Sumitomo

Medicamentos de Sumitomo Pharma para neurología, psiquiatría, diabetes y enfermedades raras

Herbicidas, fungicidas, insecticidas y tratamientos de semillas de Sumitomo Chemical Argentina

Las actividades farmacéuticas y agrícolas pertenecen a sociedades diferenciadas del mismo conglomerado; la tabla no implica fabricación conjunta en una planta argentina.

 

Fuentes consultadas