• No es sólo Mercado Pago: La usura bancaria también existe

Fecha de Publicación: 13-09-2026

Lo absurdo de los intereses de las Fintech y el debate consecuente oculta una realidad eterna de argentina: Los márgenes bancarios exagerados que les produce ganancias extraordinarias todos los años aún cuando la economía real languidece.

Argentina se ubica entre los países con mayor margen financiero bancario de América Latina. Según el indicador de margen neto de interés —que mide los ingresos netos por intereses de los bancos como porcentaje de sus activos que generan intereses—, el país registró en 2021 un valor de 10,44%, frente a un promedio regional de 5,07%. En otras palabras, el sistema bancario argentino mostró un margen aproximadamente dos veces superior al promedio latinoamericano.

Margen neto de interés bancario en América Latina, 2021

País

Margen neto de interés bancario

Diferencia frente a Argentina

Argentina

10,44%

Referencia

República Dominicana

7,09%

+3,35 puntos porcentuales

Nicaragua

6,56%

+3,88 puntos porcentuales

Honduras

6,16%

+4,28 puntos porcentuales

Ecuador

6,05%

+4,39 puntos porcentuales

México

5,67%

+4,77 puntos porcentuales

Promedio América Latina

5,07%

+5,37 puntos porcentuales

Uruguay

4,62%

+5,82 puntos porcentuales

Brasil

4,42%

+6,02 puntos porcentuales

Perú

4,35%

+6,09 puntos porcentuales

Chile

2,92%

+7,52 puntos porcentuales

Colombia

2,90%

+7,54 puntos porcentuales

Venezuela

2,44%

+8,00 puntos porcentuales

Fuente: elaboración propia sobre la base de datos de TheGlobalEconomy.com, Bankscope y Banco Mundial para el indicador de margen neto de interés bancario, 2021. Las diferencias frente a Argentina fueron calculadas por elaboración propia a partir de esos valores.

Esto abre una discusión relevante para consumidores y empresas: cuánto de ese spread remunera efectivamente un riesgo real y cuánto termina funcionando como una ganancia adicional cuando el deudor cumple correctamente.

La misma lógica aparece cuando se compara lo que el banco cobra por prestar dinero con lo que reconoce por captar fondos del público. Mientras algunos préstamos personales pueden exhibir costos financieros totales que superan ampliamente la tasa nominal informada y ubicarse muy por encima del 90% anual según el perfil del cliente, los plazos fijos tradicionales a 30 días muestran rendimientos sensiblemente menores: según el comparador del BCRA y relevamientos de mercado de septiembre de 2026, las tasas informadas por los bancos se ubican mayormente entre 16% y 24% TNA, con un promedio cercano al 20% anual. En términos simples, una TNA del 20% equivale a alrededor de 1,64% de interés por 30 días, es decir, unos $1.640 por cada $100.000 colocados durante un mes. Esa distancia entre la tasa activa —la que el banco cobra al deudor— y la tasa pasiva —la que paga al ahorrista— es el corazón del negocio financiero, pero en Argentina esa brecha adquiere una magnitud que refuerza la discusión sobre márgenes excesivos y falta de competencia efectiva.

La comparación es todavía más incómoda si se observa el tratamiento de los saldos a la vista. Muchas billeteras virtuales y aplicaciones financieras acreditan rendimientos diarios casi iguales a un plazo fijo bancario sobre el dinero disponible, sin exigir inmovilizar los fondos y permitiendo usarlos para pagar, transferir o consumir. En cambio, en la práctica cotidiana los bancos no reconocen más que una pequeña tasa casi simbólica de interés por los pesos depositados en una caja de ahorro común, aunque esos fondos permanezcan dentro del sistema financiero y puedan ser utilizados por la entidad dentro de su operatoria. Así, el usuario que deja dinero líquido en una billetera puede ver una remuneración diaria, mientras que quien lo mantiene en una caja de ahorro bancaria tradicional recibe, por regla general, casi cero rendimiento.

La diferencia se vuelve todavía más evidente cuando se compara la Tasa Nominal Anual (TNA) con el Costo Financiero Total (CFT). La TNA suele ser la tasa que aparece destacada en la publicidad del préstamo, pero no refleja todo lo que el cliente termina pagando. El CFT, en cambio, incorpora la tasa efectiva, seguros, gastos administrativos, gastos de otorgamiento, comisiones e impuestos como el IVA. Por eso, en la práctica, una tasa nominal aparentemente determinada puede transformarse en un costo real sensiblemente mayor, generando una brecha que muchas veces resulta exagerada y poco transparente para el consumidor.

Por ejemplo, un préstamo anunciado con una TNA del 70% puede terminar mostrando un CFT del 115% o más cuando se agregan seguros, comisiones, gastos administrativos, impuestos y cargos asociados. En ese caso, el cliente no enfrenta solamente el precio financiero informado en la tasa nominal, sino un costo total mucho más elevado; al parecer, el riesgo supuesto se manifiesta de manera oculta en cada tasa, cargo o gasto que incrementa el préstamo, lo que resulta especialmente llamativo si se compara con los mismos países de América Latina de la tabla: Argentina parte de un margen bancario de 10,44%, muy por encima de México, Uruguay, Brasil, Perú, Chile o Colombia. La diferencia entre una tasa y otra revela el verdadero peso económico del crédito y muestra por qué la información completa debe estar visible antes de contratar.

En muchos préstamos, la tasa aplicada al cliente incorpora una prima de riesgo: un adicional destinado a cubrir la probabilidad de mora o incumplimiento. Aunque no siempre aparece discriminada de manera explícita en el contrato, puede identificarse económicamente como la porción de la tasa que excede el costo de fondeo, los gastos administrativos, los impuestos y una rentabilidad razonable. Esa prima se cobra porque existe la posibilidad de que el cliente no pague; pero si el cliente paga todas las cuotas en tiempo y forma, el riesgo previsto no se concreta.

Por eso, una política más equilibrada debería exigir que esa prima de riesgo sea informada de manera transparente y, cuando el deudor demuestra cumplimiento perfecto, sea devuelta al finalizar el crédito. Si el banco cobró un adicional por un riesgo que finalmente no ocurrió, resulta razonable que el beneficio económico de esa no ocurrencia no quede en manos de la entidad financiera.

La discusión no implica negar que los bancos deban cubrir riesgos ni obtener ganancias. El punto es otro: en un país donde el margen bancario es excepcionalmente alto frente a la región, la transparencia sobre la prima de riesgo y su eventual devolución ante el cumplimiento perfecto del cliente podrían mejorar la equidad contractual, fortalecer la confianza en el sistema financiero y reducir el costo real del crédito para quienes cumplen.

Las tarjetas de crédito bancarias muestran otra cara del mismo problema. Cuando el usuario paga el total del resumen al vencimiento, la financiación puede no generar intereses; pero si abona solo el mínimo o deja saldo pendiente, el banco aplica intereses compensatorios sobre ese monto, además de eventuales cargos, impuestos y costos asociados que elevan el costo financiero total. En 2026, las tasas informadas para tarjetas bancarias en Argentina pueden ubicarse en niveles muy elevados: algunos comparadores registran TNA superiores al 100% en ciertas entidades, mientras que tablas publicadas por bancos muestran costos financieros totales que pueden superar ampliamente la tasa nominal. Así, una deuda relativamente pequeña de tarjeta puede transformarse rápidamente en una obligación mucho más pesada, especialmente cuando el cliente entra en la dinámica de refinanciar mes a mes el saldo impago.

Siglas utilizadas: TNA: Tasa Nominal Anual; CFT: Costo Financiero Total; IVA: Impuesto al Valor Agregado.