• La usura bancaria, una constante Argentina

Fecha de Publicación: 29-08-2026

La Argentina arrastra una constante incómoda: ahorrar en el banco rinde poco frente a lo que cuesta endeudarse. A lo largo de los gobiernos de Cristina Fernández de Kirchner, Mauricio Macri, Alberto Fernández y Javier Milei, cambiaron los discursos, las regulaciones, las crisis y los instrumentos monetarios, pero se mantuvo una misma estructura: el sistema financiero pagó relativamente poco por captar dinero y cobró muchísimo por prestarlo.

La comparación debe hacerse sobre la base del Costo Financiero Total, no de la Tasa Nominal Anual. La TNA es apenas una parte visible del precio del crédito. El CFT, en cambio, muestra el costo real: intereses, capitalización, impuestos, seguros, comisiones, gastos administrativos y cargos obligatorios. Por eso, cuando un préstamo parece caro por TNA, muchas veces es todavía más caro cuando se mira el CFT.

Visto desde el bolsillo de una familia, la asimetría es brutal. Un plazo fijo puede ofrecer un rendimiento limitado, incluso negativo frente a la inflación. Pero un préstamo personal, una refinanciación de tarjeta o un crédito fintech pueden exigir devolver varias veces el capital recibido. El ahorrista recibe migajas relativas; el deudor paga una cuenta abultada. Allí aparece la verdadera voracidad del crédito: no solo se cobra por prestar, sino que se cobra mucho más de lo que el sistema reconoce al que deposita.

Durante el kirchnerismo tardío, la inflación alta y los controles dejaron al plazo fijo muchas veces por debajo de la pérdida real de poder adquisitivo, mientras el crédito al consumo siguió siendo caro. Con Macri, la liberalización y la crisis cambiaria dispararon las tasas, pero la suba del rendimiento para el ahorrista no se tradujo en crédito accesible. Con Alberto Fernández, los controles y la pandemia no evitaron que el CFT siguiera siendo pesado. Con Milei, aun cuando algunas tasas nominales bajaron, el costo real de financiarse continuó muy por encima de lo que rinde un depósito tradicional.

La conclusión política y económica es contundente: la carestía del crédito no fue un accidente ni una anomalía pasajera. Fue una característica estructural del sistema financiero argentino. Los bancos y prestamistas justifican sus tasas por inflación, riesgo de mora, encajes, impuestos e incertidumbre. Esos factores existen, pero el resultado práctico es siempre el mismo: quien necesita dinero paga caro, y quien deposita dinero recibe mucho menos de lo que el sistema cobra por volver a prestarlo.

Cristina Fernández de Kirchner: tasas controladas, inflación alta y crédito caro

Entre 2011 y 2015, el sistema financiero funcionó bajo un marco de fuerte intervención oficial. El cepo cambiario redujo alternativas de dolarización formal y el peso de la inflación volvió central la comparación entre tasa nominal y tasa real. En ese contexto, los plazos fijos ofrecían una remuneración que muchas veces no alcanzaba a compensar la inflación efectiva o esperada. Para el ahorrista conservador, el plazo fijo seguía siendo una herramienta simple y líquida, pero no necesariamente protegía poder adquisitivo.

Del otro lado, los préstamos personales, prendarios y el financiamiento con tarjeta incorporaban un margen mucho mayor. Los bancos debían cubrir inflación esperada, riesgo de incobrabilidad, encajes y costos operativos. Por eso, aun cuando la tasa pasiva fuera moderada, la tasa activa de consumo podía duplicarla o más. La diferencia entre ambas tasas fue una señal de que el crédito minorista no era barato, incluso cuando las tasas de los depósitos parecían bajas frente a la inflación.

Mauricio Macri: liberalización, crisis cambiaria y salto de tasas

Durante el gobierno de Mauricio Macri, la política monetaria cambió de régimen. Al comienzo se buscó ordenar el mercado cambiario y bajar la inflación mediante metas explícitas, pero la crisis de 2018 llevó a un endurecimiento muy fuerte de las tasas. En ese período, los plazos fijos llegaron a pagar rendimientos mucho más altos que en años anteriores, en parte porque los bancos necesitaban competir por depósitos y porque la tasa de referencia del Banco Central se ubicó en niveles muy elevados.

Sin embargo, la suba de la tasa pasiva no implicó crédito barato. Los préstamos personales y el financiamiento al consumo también se encarecieron, y la brecha se mantuvo. En una economía con recesión, devaluación e inflación alta, el banco que prestaba a hogares asumía un riesgo mayor de atraso o incumplimiento. Por eso, aunque el ahorrista obtenía un rendimiento nominal alto, el deudor enfrentaba tasas activas todavía más elevadas y costos financieros totales que podían ser muy superiores a la TNA publicada.

Alberto Fernández: pisos para depósitos, pandemia e inflación acelerada

Desde diciembre de 2019, la política de tasas volvió a estar fuertemente condicionada por controles y regulaciones. Durante la pandemia se sostuvo el crédito subsidiado o dirigido para empresas y sectores afectados, mientras que para los depósitos minoristas se establecieron pisos de tasa en distintas etapas. A medida que la inflación se aceleró, el rendimiento del plazo fijo también fue aumentando, pero muchas veces corrió detrás de los precios.

La tasa activa, en cambio, siguió reflejando un entorno de riesgo alto. Las líneas reguladas podían mostrar tasas más bajas que el mercado libre, pero el crédito personal no subsidiado y el financiamiento con tarjeta conservaron costos altos. En esta etapa la brecha entre plazo fijo y préstamos estuvo influida por una tensión permanente: por un lado, el Gobierno intentaba evitar una suba excesiva del costo del crédito; por el otro, la inflación y la incertidumbre obligaban a remunerar más los depósitos y a cobrar más por prestar.

Javier Milei: desregulación, baja de tasas nominales y brecha persistente

En la etapa iniciada en diciembre de 2023, el esquema cambió nuevamente. Tras la devaluación inicial y el fuerte salto inflacionario de fines de 2023 y comienzos de 2024, el Banco Central redujo tasas de referencia y se flexibilizaron varias regulaciones sobre depósitos. La consecuencia fue que los plazos fijos dejaron de tener pisos tan altos y pasaron a depender más de la estrategia comercial de cada entidad.

Para agosto de 2026, los indicadores del BCRA mostraban una tasa de depósitos a 30 días de 22,30% nominal anual, BADLAR privada de 24,13% y una tasa de préstamos personales de 64,07%. Esa foto permite ver la magnitud del margen: por cada peso que el sistema captaba pagando cerca de 22% anual en depósitos minoristas promedio, el crédito personal podía cobrarse alrededor de 64% anual. La diferencia aproximada era de 42 puntos porcentuales, aunque el margen real de cada banco podía variar por costos, mora, impuestos, comisiones y estructura de fondeo.

 

Tarjetas y fintech: el crédito más tentador y más caro

Las tarjetas de crédito muestran con crudeza el problema. Si una persona financia $100.000 con un CFT del 120%, puede terminar pagando cerca de $220.000 en un año. Si el CFT trepa al 180% o 200%, la deuda puede acercarse a $280.000 o $300.000. En paralelo, esos mismos $100.000 en un plazo fijo al 22% generarían apenas unos $22.000 de rendimiento anual. La diferencia es evidente: el sistema paga poco por el ahorro y cobra muchísimo por la deuda.

Las fintech profundizan esa lógica con otro envoltorio. Ofrecen rapidez, comodidad y acceso desde el celular, pero no necesariamente crédito barato. El caso de Mercado Pago es ilustrativo: el préstamo puede aprobarse rápido y acreditarse en minutos, pero el usuario debe mirar el CFTEA antes de aceptar. Según perfil, plazo y condiciones, el costo puede variar enormemente y volverse muy superior al de un préstamo bancario tradicional. La inclusión financiera, cuando llega acompañada de CFT desmesurados, puede transformarse en endeudamiento caro y difícil de sostener.

El crédito argentino fue caro con controles, con liberalización, con inflación alta, con crisis cambiaria, con bancos tradicionales y con fintech. La forma cambió, pero la lógica de fondo persistió: el prestamista trasladó al deudor casi todos los riesgos del sistema y, además, agregó márgenes, cargos y costos que hicieron del CFT una carga pesada.

La voracidad de los prestamistas se ve justamente allí: en una brecha que convierte al crédito en una necesidad cara y al endeudamiento en una trampa frecuente. Para hogares, comercios y pequeñas empresas, tomar crédito muchas veces no fue una herramienta de crecimiento, sino una forma costosa de sobrevivir. Por eso, cualquier análisis serio debe mirar el CFT y no dejarse engañar por cuotas aparentemente manejables o tasas nominales incompletas.

Cuadros comparativos: CFT frente a plazo fijo

Los siguientes cuadros simplifican la comparación central del artículo: cuánto recibe una persona por colocar dinero en un plazo fijo y cuánto puede terminar pagando si toma crédito con CFT elevado. Las cifras son ejemplos aproximados para visualizar la brecha, no una cotización bancaria específica.

Cuadro 1. $100.000: ahorro bancario contra deuda bancaria

Operación

Base usada

Monto inicial

Resultado aproximado en un año

Lectura crítica

Plazo fijo

Rendimiento anual 22%

$100.000

$122.000

El ahorrista gana unos $22.000.

Préstamo personal

CFT 80%

$100.000

$180.000

El deudor paga $80.000 de costo financiero.

Préstamo personal caro

CFT 120%

$100.000

$220.000

El costo financiero supera ampliamente lo ganado por ahorrar.

Crédito muy caro

CFT 200%

$100.000

$300.000

La deuda triplica el monto original.

 

Cuadro 2. Tarjeta de crédito: pagar el mínimo puede duplicar o triplicar la deuda

Saldo financiado

CFT estimado

Total aproximado al año

Costo financiero

Comparación con plazo fijo al 22%

$100.000

80%

$180.000

$80.000

El costo equivale a casi 4 veces lo que rendiría el plazo fijo.

$100.000

120%

$220.000

$120.000

El costo equivale a más de 5 veces el rendimiento del plazo fijo.

$100.000

180%

$280.000

$180.000

El costo equivale a más de 8 veces el rendimiento del plazo fijo.

$100.000

200%

$300.000

$200.000

El costo equivale a más de 9 veces el rendimiento del plazo fijo.

 

Cuadro 3. Fintech: rapidez contra costo real

Tipo de crédito fintech

CFT/CFTEA posible

Si se piden $100.000

Resultado crítico

Fintech moderada

100%

Puede devolver cerca de $200.000

El costo ya duplica el capital recibido.

Fintech cara

300%

Puede devolver cerca de $400.000

El crédito se vuelve varias veces más caro que el ahorro bancario.

Fintech de altísimo costo

600% o más

Puede devolver $700.000 o más

La facilidad de acceso encubre una carga financiera extrema.

 

La lectura final es contundente: mientras el plazo fijo muestra una ganancia limitada, el crédito medido por CFT puede duplicar, triplicar o multiplicar varias veces la deuda original. Allí se expresa la gran asimetría del sistema financiero argentino: poco premio al ahorro conservador y castigo severo para quien necesita financiarse.