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22 de agosto a sangre fría
Para hablar de ellos y ellas, hay que recordarlos vivos, militando por una sociedad distinta. Sin explotados decían. Una sociedad socialista aseguraban.
Fecha de Publicación: 22-08-2026
Por Marta Suarez-FSN-Rosario
Para hablar de aquel agosto hay que pensar en el sur y su frio hostil, el paraje despoblado. Imaginar los bloques de cemento que cercan, las garitas altas que vigilan, las celdas, las rejas y los calabozos que aíslan.
Pero claro, adentro estaban ellos y ellas.
Para hablar de aquella fuga que se sospechaba imposible, es menester comprender que a pesar de muros y torturas mantenían las convicciones en banderas, los sueños intactos. Sostenían su determinación militante alimentada día a día con fuerza colectiva, con vocación de cambios, con pasión revolucionaria. Es comprender que el ingenio, la perseverancia y la determinación de ser libres guiaban a esos hombres y mujeres encontrando formas de comunicación entre ellos, entre pabellones, entre celdas. Donde las ventanas eran correos y las cañerías de desagües teléfonos.
Y la fuga tomó vuelo. Lo demás fueron detalles. Fue aprender la zamba y los tiempos para que cantaran desde todos los pabellones como vibrante reloj humano que determinaba el punto de partida. Fue el coraje de traspasar las rejas, desarmar guardias, alcanzar la calle. Hicieron la hazaña.
Luego un error. Un grupo alcanza el aeropuerto, toma un avión por la fuerza y alzan vuelo con destino a Chile. Con destino a la libertad.
Otro grupo, de 19 compañeros llega tarde por complicaciones y en el Aeropuerto de Trelew se entregan. Hay conferencia de prensa, asisten abogados, jueces y periodistas. Y aún allí, entregándose, sin armas, reafirman sus convicciones. Y hablan de seguir la lucha, porque la Patria Socialista será, más temprano que tarde, una realidad en nuestro pueblo.
Hasta aquí la hazaña. Después la tragedia. En la madrugada del 22 de agosto, los fusilan. A sangre fría. 16 caen muertos. 3 sobreviven para contar los detalles del horror, hasta que la mano asesina de la dictadura los alcanza, años más tarde.
Para hablar de ellos y ellas, hay que recordarlos vivos, militando por una sociedad distinta. Sin explotados decían. Una sociedad socialista aseguraba.
Recordar su pensamiento, su entrega sin pausas, sin titubeos ni vacilaciones, quizá sea la forma de que el olvido no gane la partida.
Desde aquel 22, el viento sur nos trae en los acordes de una zamba, la unidad como consigna, la determinación que hace posible el objetivo y la importancia de la Memoria como transmisión y proyección de futuro. La memoria que reivindica militancia y entrega. Que reconoce la convicción y el coraje en la lucha para alguna vez imitar. Que genera la esperanza de sostener la alegría con que defendían amores profundos e imaginaban mundos sin opresión.
Habrá que escuchar al viento, sostener las banderas flameantes y dejar que la memoria arda… hasta que todo sea como lo soñamos.