• La destrucción de la industria argentina y el nuevo mapa del trabajo

Fecha de Publicación: 22-08-2026

Compilación Koly bader-FSN-Tucumán

En 1970, la Argentina todavía podía pensarse como un país organizado alrededor de la fábrica, el salario industrial y la promesa de movilidad social. Hoy, una parte creciente de la fuerza de trabajo se desplaza hacia empleos fragmentados, informales o dependientes de plataformas digitales. La comparación no es solo estadística: revela un cambio profundo en la estructura económica, social y política del país.

1970: una sociedad con eje industrial

El Censo Nacional de Población, Familias y Viviendas de 1970 registró una Argentina de alrededor de 23,4 millones de habitantes. La industria manufacturera ocupaba un lugar central: no solo producía bienes, sino que estructuraba barrios, sindicatos, identidades obreras y expectativas de ascenso social. Las grandes plantas metalúrgicas, textiles, automotrices, navales, químicas y alimenticias concentraban a cientos de miles de trabajadores asalariados bajo relaciones laborales relativamente estables.

Aunque las series históricas varían según la definición utilizada —obreros industriales, asalariados manufactureros, ocupados en industria o empleo registrado—, el orden de magnitud permite afirmar que a comienzos de los años setenta la industria reunía a 1,5 millones de trabajadores, casi el 24 % del total de activos, y tenía un peso proporcionalmente mayor sobre la población total que en la actualidad. La Argentina de 1970 combinaba urbanización, mercado interno, protección industrial y una clase trabajadora fabril con fuerte capacidad de organización.

Con el doble de población 30% menos obreros industriales

La destrucción industrial no ocurrió de un día para el otro. Comenzó a acelerarse desde mediados de los años setenta, cuando el modelo de industrialización por sustitución de importaciones fue reemplazado por políticas de apertura comercial, valorización financiera, endeudamiento externo y debilitamiento del poder sindical. Desde entonces, cada crisis económica dejó una huella sobre el aparato productivo: cierre de fábricas, tercerización, caída de ramas tradicionales, pérdida de capacidades tecnológicas y expansión de formas laborales más inestables.

El resultado fue una economía menos integrada productivamente. La industria siguió existiendo, pero perdió centralidad social. Ya no organiza el conjunto del mercado laboral como lo hacía en la segunda posguerra y hasta principios de los años setenta. Hoy convive con servicios de baja productividad, empleo informal, changas, monotributo forzado y nuevas formas de intermediación digital.

Hoy: menos fábrica, más plataforma

En la actualidad, la población argentina supera los 46 millones de habitantes. Sin embargo, el empleo industrial ya no creció al mismo ritmo que la población ni conserva el mismo peso relativo. Los registros laborales recientes muestran alrededor de 12,8 millones de trabajadores registrados en total y unos 6,1 millones de asalariados privados, mientras que la industria manufacturera reúne 1,1 millones de trabajadores y a la baja. Además, parte del empleo fabril se concentra en establecimientos más pequeños, cadenas tercerizadas y actividades con menor estabilidad que las antiguas grandes plantas.

El dato más expresivo del nuevo paisaje laboral es el avance del trabajo por plataformas. Estimaciones sectoriales citadas por informes periodísticos recientes indican que más de un millón de personas trabajan como repartidores o conductores de aplicaciones en la Argentina, ante la falta de una medición oficial completa. Esa cifra se compone aproximadamente de 200.000 repartidores y 900.000 conductores. En 2025, Cabify informó 45.000 conductores habilitados, Rappi señaló un crecimiento del 38% en repartidores activos entre 2024 y 2025, y PedidosYa reportó 100.000 repartidores que prestaron servicio en algún momento del año.

Comparación sintética

Indicador

Argentina hacia 1970

Argentina actual

Población total

Alrededor de 23,4 millones

Más de 46 millones

Centro del mundo laboral

Fábrica, empleo asalariado industrial, sindicatos fuertes

Servicios, informalidad, monotributo, plataformas digitales

Industria manufacturera

Mayor peso relativo sobre la población y el empleo urbano

Menor peso relativo y mayor fragmentación productiva

Trabajo de plataformas

Inexistente

Más de 1 millón de repartidores y conductores, según estimaciones sectoriales

Tipo de integración social

Salario, convenio colectivo, identidad obrera

Ingresos variables, conexión por demanda, costos asumidos por el trabajador

 

La plataforma es un síntoma, no la solución

El crecimiento del trabajo en aplicaciones no debe leerse como modernización automática. En muchos casos, funciona como refugio ante la falta de empleo formal o como complemento de ingresos insuficientes. La promesa de autonomía suele ocultar una transferencia de riesgos: el trabajador pone el vehículo, paga combustible, mantenimiento, conectividad, seguros y absorbe los tiempos muertos. La empresa, en cambio, administra la demanda mediante algoritmos y evita buena parte de las obligaciones típicas de una relación laboral clásica.

La comparación entre 1970 y la presente muestra que la cuestión no es nostalgia industrial, sino pérdida de soberanía productiva y calidad del trabajo. Una sociedad con más población, pero menos densidad industrial relativa necesita discutir qué produce, cómo distribuye el ingreso y qué tipo de empleo ofrece. Si el viejo obrero industrial fue símbolo de integración, el trabajador de plataforma expresa disolución: conectado todo el día, pero muchas veces desconectado de derechos, estabilidad y futuro.

Fuentes consultadas: INDEC, Censo Nacional de Población, Familias y Viviendas 1970; estadísticas laborales oficiales del Ministerio de Trabajo y datos SIPA; informes de mercado de trabajo de INDEC; relevamientos periodísticos y sectoriales sobre trabajadores de plataformas en Argentina publicados en 2025 y 2026.