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Los libertarios del mundo y el laboratorio argentino-Por Koly Bader
Fecha de Publicación: 09-07-2026
Por Koly Bader-FSN-Tucumán
Aunque el termino fue acuñado por el filósofo anarquista Joseph Déjacque en 1857 para diferenciarse de los socialistas, el libertarismo moderno surgió durante la guerra fría como defensa del libre mercado y de una limitación al Estado.
De sus iniciales principios de no agresión, el derecho a la vida, la libertad y la propiedad privada, hoy sufre una nueva modificación de sus contenidos caracterizándose por su propósito de desmontar completamente el estado de bienestar, centralizar el poder en una “elite benefactora” y mesiánica y construir un sistema más eficiente con preponderante participación de las nuevas tecnologías.
Poco queda de las “enseñanzas” de los libertarios de la escuela austríaca y sus principales representantes son hoy tecnócratas muy formados como Peter Thiel, fundador de la ya famosa Palantir .
Es un cambio muy importante en su concepción del sistema de organización política que ha de garantizar la preeminencia del capitalismo. Bien podemos decir que se trata de tecnofascismo o tecnofeudalismo como lo llama Yanis Varoufakis*.
Cualquier proyecto que se imponga como dominante desde la promoción que el imperio haga de él, sin duda va a incluir componentes de esta filosofía surgida directamente de las capacidades que el mundo va descubriendo de la tecnología digital. Y esto simplemente porque se trata de la primera vez que los grupos de poder cuentan con capacidades de dominación jamás antes vistas por la humanidad. Es allí donde hablamos de un cambio civilizatorio que, por supuesto, no está garantizado que sea a favor del sostenimiento de los poderes conocidos. Bien puede usarse para terminar con su poder y es ahí donde está la cuestión principal. En resumen, y para ponerlo en palabras muy nuestras, no se trata de matar el chancho para que aparezca el dueño. Se trata de preservar el chancho eliminando al dueño.
Que es lo que ha cambiado
La necesidad de renombrar lo que nos pasa surge en parte de no registrar adecuadamente que es lo que ha cambiado. ¿Es el capitalismo lo que ha cambiado?
Con gran acierto el FSN ha caracterizado en sus documentos que esta etapa se trata de un momento del capitalismo como sistema económico en el que asoma un sistema político que llamamos plutocracia. Y fue acertado en tanto considerar que el capitalismo sigue en su derrotero de resolver sus crisis siempre dentro del mismo sistema económico.
Cuando se habla de tecnofascismo se apunta justamente a la cuestión política de un sistema que sigue siendo capitalismo. Sin embargo, si asumimos el termino tecnofeudalismo solo referimos o referimos principalmente un sistema de relaciones de producción sin apuntar convenientemente el sistema político que lo materializa. Por esta razón creemos que plutocracia es lo que más se aproxima, aunque aun imperfectamente, a definir la nueva cara del capitalismo que sin duda es fascista y semi feudal. Pero es la riqueza, el capital concentrado quien lo promueve, aunque esa riqueza provenga de las fintech. Porque es de la tecnología financiera de donde proviene el poder.
Esta es sin duda una nueva revolución industrial con similitudes y una gran diferencia con la primera.
La primera sucedió en un imperio, el inglés, tal como hoy sucede desde el imperio norteamericano como centro. Pero, la gran diferencia es en que las máquinas de entonces y el modo de producción que posibilitaron hicieron del capitalismo un sistema económico socializante. La producción sucedía en ámbitos colectivos y es esa característica lo que llevó a Marx a considerar la importancia de la ideología que surgiría de la clase trabajadora justamente como fruto de su práctica social.
Hoy, la tecnología digital tiende, por su propia característica, a desarticular la comunidad en la producción y por añadidura ofrece el contexto y las herramientas perfectas para la colonización de la subjetividad.
Cuando hablamos en anteriores documentos de la desterritorialización en términos de la pérdida de soberanía, justamente referíamos no solamente a la cuestión geográfica sino también a la cuestión subjetiva desde el tipo de conciencia que surge de la desterritorialización. Es decir, de la ideología que es subproducto de la práctica social entendiendo la producción y sus sistemas como parte de esta.
Esta es pues una revolución industrial muy distinta y acompañada por máquinas (tomado el término con la amplitud de los algoritmos) que por primera vez son aptas para la colonización subjetiva.
No es esta una referencia a las redes sociales o a lo que hoy tenemos como vida virtual. Estamos en la prehistoria de los algoritmos. Nos referimos a la Big Data. El big data se refiere a conjuntos de datos tan masivos, rápidos y complejos que los sistemas tradicionales no pueden procesarlos. Se caracteriza por las "5 V": Volumen, Velocidad, Variedad, Veracidad y Valor, permitiendo a las organizaciones analizar información de redes sociales, sensores y transacciones y todo tipo de actividad digital voluntaria o no (como el caso de las cámaras de seguridad).
Si agregamos el meteórico desarrollo de la inteligencia artificial, la posibilidad se potencia casi al infinito. Así lo demuestran las nuevas guerras que estamos viendo. El análisis casi en tiempo real de una masa de datos que llevaría a cien personas trabajar un año para lograr lo mismo, hace posible, por ejemplo, eliminar con un dron un ignoto militante de Al Qaeda en una carpa de refugiados a cientos de kilómetros de distancia. Y el ejemplo es real, está sucediendo.
Argentina y nuestra América
America Latina es, como sabemos, un territorio en disputa. Pero es en Argentina donde se desarrolla la primera experiencia libertaria, aunque, como siempre, versión tercer mundo.
Y es que Argentina tiene condiciones para ser lo que estamos siendo. Origen de materias primas cada vez más necesarias para la informática, territorio descripto como apropiado para evadir las consecuencias de una conflagración nuclear, poca población en relación a su extensión, condiciones climáticas optimas en el sur para la instalación de centros de datos, desarrollo propio de módulos nucleares para provisión de energía eléctrica, abundancia de agua dulce y conveniente ubicación geopolítica.
No es otra la razón por la que Peter Thiel, fundador de Palantir, socio de la CIA y del sionismo israelita, nos visita. Y constituye una clara señal de alarma.