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Relatos de vida
Fecha de Publicación: 21-06-2026
A 50 años del golpe genocida que ensombreció al país, juntamos memorias de mujeres de distintas generaciones y las compartimos hechas palabras, sentimientos, miradas.
Historias de vida de mujeres que de alguna u otra manera resistieron la oscuridad y el horror que imponía el poder. De la solidaridad recibida de amigos, compañeros, familiares, de vecinos. De los recuerdos contados en primera persona y sus ecos.
Lo hicimos “íntimo y simple, como una conversación a puerta cerrada entre mujeres que recuerdan. Sin héroes, sin adjetivos, sin consignas.”
Con toda la pasión. Con toda la verdad. Con toda la ternura. Abriendo el corazón con cada palabra.
MUJERES SOBERANISTAS
El Hermano De Leche
Comienzo de 1975, estábamos buscando una salida a nuestra situación en fuga.
Ya nos manejábamos con nuestros propios criterios, de lo que era lo más conveniente, lo menos peligroso, dentro de que todo lo era.
Santiago del Estero, nuestra provincia de origen, residencia y militancia se convirtió en un lugar sumamente peligroso. Unos meses atrás, con mi niña de apenas unos días fui detenida juntos con otros compañeras y compañeros.
Por razones inexplicables y por fortuna nos liberaron, si la memoria no me falla, al otro día.
Ese fue el momento que se me hizo muy claro, y sin mucho análisis político que se venían tiempos más que difíciles. Que debíamos tomar la decisión de salir de la provincia, donde éramos presa fácil de encontrar.
De todas las opciones, se nos presentó Tucumán como una posibilidad.
Tucumán!! pensarán, y las razones eran que ya en ese momento contábamos con la única ayuda de nuestra familia, parte de ella vivía en Tucumán, teníamos posibilidades de trabajo, y, sobre todo, nunca habíamos militado alli, en consecuencia, no conocíamos a nadie o casi, y tampoco nos conocían.
Es difícil transmitir, pero las que pasaron por lo mismo seguramente entienden, el estado de vulnerabilidad de sentirse perseguida es un cúmulo de sentimientos, angustia, miedo, sobre todo la posibilidad de que me separen de mi hijita recién nacida me causaba una angustia muy grande.
Entonces nos trasladamos a Tucumán, casi de inmediato mi compañero consiguió trabajo, pudimos alquilar una casita, llevamos nuestros pocos muebles que teníamos, la familia siempre con un apoyo incondicional.
Comenzamos a organizarnos de a poquito, pienso en nuestros años, 22 los míos y 23 mi compañero y una niña de cuatro meses…todo era vertiginoso, la vida podía cambiar abruptamente de un instante a otro. No pasaron, creo dos meses, un día, se presenta un viejo amigo de la primera infancia de mi compañero, vecino, las madres además eran muy amigas, tanto que al no tener leche materna la mamá del vecino, mi suegra amamantaba a ambos. El amigo que era policía trabajaba en la oficina de radioperadores que así se llamaba en aquellos tiempos, le muestra un radiograma donde pedían nuestra captura, le dice que nos teníamos que ir de inmediato.
Todo de nuevo, otra vez, levantar la casa, pensar dónde ir, cómo ir, con quien o quienes.
Tomamos la decisión familiar, hermanos, cuñados madre padre, que lo adecuado era ir hasta Santa Fe, allí teníamos familia donde refugiarnos. Eso hicimos, y de allí a Paraguay, eso es para otro relato.
De esta historia, cortita, intensa como todo en aquellos tiempos, rescato y valoro el acto arriesgado y valiente de ese amigo y hermano de leche, que pudo llegarse 5 minutos y nos salvó la vida.
En los momentos más oscuros, los lazos afectivos más profundos pueden ser la diferencia entre la vida y la muerte.
Meses después, 1976, el ejercito allanó la casa de mi cuñada buscándonos, si nos encontraban estoy segura que hoy formábamos la larga lista de desaparecidos.
Inés Lugones
Hace 50 años : en Panamá
Muchas veces nuestro territorio , este querido Tucumán fue “el rostro anticipado “ de lo que sucedería en el resto del país,los hehos se adelantan....
No siempre se recuerda que aquí nació la Industria Nacional, que fué la Azucarera, la mucha de que existieron y que hoy parece se destruye.
Aquí se anunció en febrero de 1975 lo que sobrevendría con el OPERATIVO
INDEPENDENCIA. Antes con el cierre de 11 Ingenios Azucareros , con la instalación del primer Centro Clandestino de Detención que fué nada mas y nada menos que una Escuela ….
A éste territorio del que había salido a fines de 1974 pensé regresar al terminar mis vacaciones...en febrero de 1975. No lo hice ...determinadas voces de alerta lo impidieron y partí
...pude hacerlo al extranjero y quizás por eso hoy puedo estar aquí y ordenar estas palabras.
Uno de los primeros sitios que transité en mi largo exilio fué la ciudad de Panamá. Ahi me encontraba ese 24 de marzo de l976 cuando recibí la noticia del Golpe que hoy evocamos. Había comenzado a trabajar , la inserción laboral había sido resuelta , no fácil para mi que bucaba hacerlo en el extranjero y que había transitado los últimos meses en la capital de Argentina con ausencia total de tareas laborales.
Al llegar a ésta ciudad Puente del Mundo, Corazón del Universo, como anunciaban los cartees de recepción en el Aeropuerto, fui recibida por la familia de Gerardo Vallejo, amigo, compañero, cineasta con su compñera de esos años Evangelina, y sus tres hijos.
Estaba, por esos años, haciendo un documental testimonio, su estilo en general de expresión cinematográfica, denominado “La quinta frontera”. Existía el Canal de Panamá que atravesaba (y aun lo hace...)el Istmo Centro Americano situacion difícil de dimensionar si no se vive en en ese territorio, constituía esa “QUINTA FRONTERA”
Fué el General Omar Torrijos Herrera a cargo del Gobierno en esos años, quién a partir de negociaciones , no sin la presencia de la lucha del pueblo, logra la entrega del Canal , en posesión de EE UU , lo nacionaliza recupaerando la Soberanía no solo de la “Zona del Canal “, y la Administración del mismo.
El trabajo de Gerardo se enmarcaba en la difusión , la toma de conciencia la inmensa tarea que Torrijos llevaba a cabo y que recién fué logrado al comenzar el año 2000.
El 24 de marzo, de hace 50 años, mi querido compañero cineasta y su familia habían partido de Tucuman, un tiempo antes había sufrido un atentado que destruyó parcialmente la casa de sus padres.
Volvamos al 24 de marzo de 1976... ,suena el teléfono, atiendo, pregunta una voz por Gerardo y pide hablar con él , yo inquiero de parte de quén ? De El general Torrijos.
Pese a que conocía el trabajo que estaba realizando con el , yo que dé impactada por quién era el posible interlocutor...por supuesto con las tareas de filmación existía un contacto fluido , citas en determinados lugares , pero quedé sumamente sorprendida.
Todos los adultos presentes quedamos expectantes ….por el horario, lo imperativo de la llamada. Eran las 24 horas, las Cero Horas, del día 23 de marzo...de 1976...corta diferencia del uso horario.... Se conectaba para comunicarnos el GOLPE.
El interlocutor atendió prontamente y comenzó a contestar con monosílabos. Si, General, si , como no, así lo haré....
Al terminr nos transmitó : dice que és tremendo lo que se va a vivir en nuestro país...., que avisemos a la “colonia” de compatriotas ,(ya se había cmemzado a formar ) que no asistamos a embajadas ni consulados, que éste era un golpe distinto a los anteriores.....que sería mucho mas profundo, produciría una trnsformación , muy agresivo.
Nos quedamos charlando y entre los intercambios apareció bueno! Siempre fue así… presos, fusilamientos… todavía pensábamos un poco ingenuamente. Venimos de Tucumán… decíamos. Insistío éste será muy brutal!!!!, recuerdo estas palabras.
Quizas por el lugar que tenía en el poder, Torrijos, el ser militar, incluso su formación tuvo mas claridad , una lectura mas completa de lo que viviría nuestra Patria, que Tucumán ya lo estaba viviendo....
Pasaron 50 años !, y seguimos aún hoy teniendo precisiones de esa realidad de destrucción y entender el TERRORISMO DE ESTADO.
Entender como la palabra DESAPARECIDO tiene otro significantes, como un número 30.000 y de que manera MEMORIA, VERDAD, y JUSTICIA, continuan siendo nuestra consigna junto a continuar luchando por que un mundo mejor es posible .
Stella Garbarino 20 de marzo 2026
Las Visitas
Soy la tercera de cuatro hermanos. Éramos una familia de nivel medio tipo. Nuestra vida transcurría tranquila hasta que ocurrió el golpe militar que ya se venía gestando en los gobiernos civiles, quienes participaron activamente.
Fue como si hubiera ocurrido una explosión que destruyó nuestra armonía familiar. Cuando detuvieron a mi hermano mayor, estábamos en Villa la Punta disfrutando de nuestras vacaciones habituales; irrumpieron de manera tan intempestiva, que mi madre me ordenó que la llevara a mi pequeña hermana al terreno del fondo, para que no viera la cruel requisa que llevaban a cabo este grupo de tareas, permaneciendo allí acompañadas por un policía. Volvimos a la Capital inmediatamente y constatamos que nuestra casa también había sufrido la misma situación, pero con el agregado de saqueos y destrucción.
Pero era prioritario saber dónde se encontraba detenido mi hermano. La búsqueda de mis padres por saber la situación de él fue incesante. Yo acompañaba a mi madre cuando no mi padre, a la SIDE a pedir información recibiendo respuestas evasivas y miradas obscenas hacia mi que me provocaban una gran vergüenza. Se reían, disfrutaban y abusaban de la desesperación ajena.
Nuestra casa siempre de puertas abiertas, se transformó en una cárcel.
“Pregunta quién es, no abras a nadie” me repetía mi madre al salir. Pero sin embargo no faltaba la visita de alguna persona del grupo de tareas que venía a interrumpir la poca tranquilidad que nos quedaba. “A tú hermano hoy lo trasladan a otra cárcel a otra ciudad. Avisale a tus padres, pero de a poco no vaya que les dé un infarto.” Me decían y yo no podía soportar la angustia que me causaba este pensamiento.
Algunos de nuestro entorno social se alejaron, otros nos acompañaron cariñosamente. Yo asistía a una escuela de gente de buen nivel económico, pero me resultaba difícil integrarme, y creo que no me ayudaban mucho mis compañeras a lograrlo. Después de muchos años supe que me pusieron el mote de “Vieja”, No entendían la realidad que yo estaba viviendo o recibían directivas de los padres de no relacionarse conmigo. La directora de la Escuela, una religiosa con mirada muy penetrante, no me perdía pisada, hasta que recién en 4to año se dio cuenta que yo difícilmente podía adoctrinar a mis compañeras.
Todos los Domingos caminábamos hacia el penal, y las requisas a nuestras pertenencias, ropa y cuerpo eran un verdadero abuso. Después de la visita me daba ganas de llorar ver la imagen de mi hermano y compañeros que quedaban desprotegidos en ese deprimente alojamiento. Pero me equivocaba era un grupo muy unido se sostenían entre ellos, se esforzaban por no mostrarnos debilidad. Igualmente, las familias muy solidarias se pasaban la información de cómo seguir por este camino escabroso.
Toda esta etapa de mi vida me dejó cicatrices difíciles de curar, pero me maduró tempranamente y creó en mi un pensamiento crítico y de lucha propio de algunos privilegiados.
Maru Garay
Entre Fugas Y Hormiguitas
“El fútbol, el entretenimiento, la fiesta, fueron los actores de un circo montado y manipulado por los militares” Ese era el contexto en el que Odil había caído presa, unos meses antes de que se jugara el Mundial ’78. La alojaron con otras prisioneras políticas en el Segundo Celular en Devoto. De ojos verdes, mirar comprensivo y sonrisa cálida.
Serena, de opiniones maduras, más bien callada y muy observadora. Esa mañana, a la hora del recuento la llamaron a Tribunales.
- Abrigate Odil! Tratá de conseguir noticias. Denuncia la situación en “los chanchos”, el aislamiento al que nos someten, las sanciones, que nos han prohibido todo con ese nuevo Reglamento, los interrogatorios de la Interdisciplinaria.
-Rápido señora, apúrese, que esto no es el Sheraton. Gritó la celadora.
Transcurrió la mañana, ella alojada en la Leonera de Tribunales. Sola. Pasaron varias horas, el Juez no la llamaba. Odil no entendía que hacía allí, pidió ir al baño. A lo lejos se oía una radio, cada tanto un griterío que festejaba algún gol.
Pidió ir al baño, le sacaron las esposas y la llevaron hasta un baño. El partido continuaba, la hinchada vitoreaba. Los guardias estaban pendientes de la Radio que transmitía el partido. La puerta del baño sin control y dentro una pequeña ventanita. Odil calculó la distancia, se vió tan flaca que pensó puedo pasar por ahí. Con esfuerzo trepó al ventanuco, la calle semivacía, dudó un momento, pero las ansias de libertad fueron más fuertes. Desde la cancha se oía el grito de Goooooolllllll. Momento en que Odil saltó hacia la libertad. Corrió y corrió sin mirar atrás. A las tres cuadras ya no le daban las fuerzas. No tenía idea de donde estaba, pero recordó que su padrino vivía por el microcentro. Cómo llegaba? Buenos Aires parecía vacío. Caminó a paso acelerado. Empezó a ubicarse. Pudo llegar hasta el edificio de su padrino. Miró a todos lados, sigilosamente apretó el portero eléctrico. Cómo era? 9ºB ó C? Acertó con el B.
-Padrino, abrime, por favor abrime. Soy yo, Odil. Abriiiime! Oyó el chirrido y empujó rápidamente el portal. Llegó al 9º la recibió el padrino, se lo notaba incómodo. Odil lloraba de la alegría no podía creer que se hubiera podido fugar.
En la TV seguía aún el partido. Fue sorprendente, mientras tomaba un café que le ofrecieron, él fue al teléfono, habló despacio. En menos de 10 minutos llegó un patrullero. Odil no podía entender esta traición, pero el miedo de los de afuera pudo más. En la recaptura la maltrataron duramente. A pesar de la tortura, ordenaron devolverla al Penal de Devoto. Anochecía, llegó maltrecha a la celda.
Sus compañeras la abrazaron con cuidado, Odil caminaba con dificultad, al entrar pisó una hormiga. -Nooooo, Cacharrito. La pisaste.
Después de una hora de charlar largamente sobre la odisea de la fuga, Odil supo quién era Cacharrito: una hormiguita que las visitaba en la celda, siempre a la misma hora. Entre el dolor y la alegría de estar viva, Odil y sus compañeras de celda no pudieron más que reír y lamentar la muerte accidental de Cacharrito, con la promesa de adiestrar el primer pequeño ser vivo que asomara por allí.-
Carlota Marambio
expp de 1974 a 1983
El “Operativo Independencia” en Tucumán
Estábamos sentados en la galería de la casa de mi hermano mayor, Juan Carlos Márquez, en el Rodeo, Catamarca. Además de él y yo, nos acompañaban Miriam Medina y la Turca Ahuali, dos queridas compañeras. Recuerdo que era el año 2.007 y estábamos hablando del Operativo Independencia… Entonces, mi hermano comienza un relato que nunca antes había compartido conmigo. Mi padre se lo había pedido expresamente, porque yo estaba presa, junto a otros familiares y mi cuñado estaba desaparecido (aún lo está). Quería evitarme el sufrimiento que eso me causaría.
En esa época - comenzó a relatar mi hermano – una mañana aterrizó un helicóptero en una finca cañera de Ciudacita, propiedad de mi padre, del que bajaron dos militares. Era época de cosecha, por lo que había alrededor de 50 obreros. Los convocan y les dicen que eran demasiados para vivir en una sola vivienda. Se trataba de la “casa grande” en la que se alojaban los operarios durante la temporada. “Es necesaria la construcción de viviendas” dijeron.
Unos días más tarde, llamaron a mi padre para que fuera al Banco. Allí le comunican que le había sido otorgado un préstamo para la construcción de viviendas en la finca, para los obreros.
Pasado un tiempo sin noticias, mi padre le pidió a mi hermano que fuera al Banco a preguntar qué pasaba con el préstamo. Para su sorpresa, le informan que el dinero del préstamo ya había sido retirado por el Oficial X (no logro recordar el apellido que dijo mi hermano).
Entonces, mi padre fue a buscar al Oficial para hablar con él y corroborar lo que le habían informado en el Banco. Le respondió que efectivamente él había retirado los fondos y se los había entregado a una cooperativa para la construcción de viviendas. Mi padre comenzó a realizarle preguntas, tratando de entender lo que estaba sucediendo…entonces, el Oficial cortó la conversación y le dijo que si continuaba insistiendo, terminaría muerto.
Al poco tiempo, detuvieron a mi hermano y después de torturarlo unos días en la “Escuelita” de Famaillá, lo liberaron. El mensaje fue tan perverso como contundente.
Mi padre era productor de caña de azúcar y socio fundador de la UCIT (Unión Cañeros Independiente de Tucumán) que unía a pequeños y medianos cañeros desde 1.949. Al mismo tiempo que torturaban a mi hermano, anulaban a mi padre en su condición de productor. A partir de allí, su producción fue llevada gracias a la solidaridad de otros cañeros.
Inmediatamente, seguramente por miedo a nuevos atropellos que ponían en riesgo la vida de su familia, decide desprenderse de bienes y tierras para saldar en poco tiempo la deuda total por el préstamo que nunca recibió. Las secuelas las vivimos aún hoy sus hijxs y nietxs. Jamás se recuperó su capital.
Emperatriz Márquez
A guardar, a guardar, cada cosa en su lugar
Mañana un General con viruela boba, habrá de acuartelar a mil conscriptos” Roberto Santoro
En el invierno cubierto de escarcha y conversaciones, con un aliento de humo en las esquinas, conversando por lo bajo se lee en un poste de luz “la Brigada Bruno Genta”. Aparecen siglas y nombres de vecinos de la ciudad de Luján que iban a secuestrar. La tipografía era realizada en máquina de escribir con un logo de “viva la cruz”. Comenzaron a cruzarse gente encapuchada con armas y militares a cara descubierta por la noche era la cacería. Vivir era una ruleta rusa, se escondían libros, se quemaban vinilos, las canciones de protestas tenían que ser enmudecidas, derretidas en la hoguera de la parrilla del patio. Dejar de ser sospechosa, impura, figurar en la agenda de un amigo. Pasaron cincuenta años y se sabe nada de los desaparecidos de la ciudad de la fe y los perros abandonados. Entre ellos un poeta herrero que desde su poesía “presentía a los lobos en la sombra”, Dardo Dorronzoro era su nombre, su oficio era la herrería. Algunos cuerpos de la ciudad se encontraron en un cementerio de San Martín. El resto continúan desaparecidos, hay un perfume a madreselvas que brotan de la palabra del poeta que reclama “Memoria, Verdad y Justicia.
Adriana Ferrari
Ciudad de Luján, Provincia de Bs.As.
Yo era Maestra…
Soy Elsa Chagra, docente jubilada, tengo 81 años.
En 1.976 (tenía 31 años) yo era maestra de grado, delegada de mi escuela y empleada judicial, miembro de la C.D. de empleados judiciales. Esto era en Formosa (Argentina).
El 4 de agosto de 1.976, los militares me secuestran, me torturan, me mandan a la cárcel de Villa Devoto en CABA, me trasladan varias veces. Así pasé 7 años y 3 meses.
Estando en la cárcel de Ezeiza, me liberan, el 2 de diciembre de 1.983. Cuando salí retomé mi carrera docente. Hoy estoy jubilada, pero en la medida de mis posibilidades, sigo integrada al gremio docente.
Elsa Chagra
Una Mágica Etapa Inocente De La Vida
Gloria, mi compañera de trabajo, miró detenidamente las fotos de varios carnet que yo ya no usaba, y que había recortado prolijamente. De aquella mirada, eligió una y dijo : ”Ale, tenés que recuperar la expresión de tus ojos en esta foto”, señalando la última de las seis.
La fecha me trajo a la memoria aquella época. En la cual había sido muy feliz...era la foto del carnet de la biblioteca del Colegio Nacional de Buenos Aires, cuando cursaba tercer año, teniendo quince años.
Era 1975 un año intenso, con muchas actividades, con la primera militancia. Se llamaba “Agrupacion de base en lucha”, espacio inicial de Juventud Guevarista. Allí encontré buenos amigos, con un pensamiento solidario, un lugar donde comenzaban a germinar ideas creativas, para mejorar las condiciones de vida de los sectores más necesitados.
Las actividades de la agrupación, llamaron la atención de las autoridades del colegio... En dos oportunidades, mi madre tuvo que buscarme de la comisaria, de allí salía con mi cabello cortado al estilo militar, mi larga melena se quedaba allí...esta actividad de peluqueros, con uniforme de policías, era una de las preferidas para asustarnos.
Hacia fin de año, ya se escuchaban murmullos sobre la preparación de un nuevo golpe militar.
La represión se sentía en escuelas, universidades y en cada movilización. La presencia de las AAA, estaba en las “listas negras” que circulaban en fábricas, universidades y gremios.
A mis quince años yo no podía medir el riesgo en que se vivía. Mi madre sí. Y decidió protegerme enviándome a casa de unos amigos en Chascomús. Allí compartí un año con una familia consciente de la realidad que se vivía en una ciudad como Buenos Aires. Recibí mucho afecto y también sentí el respeto por mi manera de encarar mi vida, En algún momento de 1977, pude volver a mi querido barrio de Saavedra, con mi madre y hermano. Pero mi barrio ya no era el mismo que caminaba antes... no iba a la escuela... perdí amigos. Nadie sabía dónde ubicar a algunas personas. Comenzamos a enterarnos de los “desaparecidos”.
Mi madre me consiguió trabajo en el C.A.I.C.Y T. , (Centro Argentino de Información Científica y Tecnológica), dependiente del CONICET, era el chico de los mandados.
El comentario de mi compañera de trabajo, Gloria, sobre la expresión de mis ojos, en aquella fotografía, que reflejaba felicidad, me reveló algo que ya sabía, pero no me animaba a reconocer: que esa mirada pertenecía a una mágica etapa inocente de la vida.
Susana Martín
Atilio, nuestro padre
Mi hermana y yo crecimos bajo el dolor de no tener a nuestro padre a nuestro lado. En la familia no se hablaba mucho de él, mucho menos de su historia y su lucha. Pero sin nombrarlo, él estaba siempre en nuestro pensamiento, en nuestros corazones y en nuestro anhelo de abrazarlo.
El silencio de la familia y el nuestro, era el silencio del país. Preguntar era difícil. No salían las palabras, no estaba el permiso. Callar era lo seguro. Así crecimos, así sobrevivimos, así construimos nuestras familias. Y heredamos el miedo, el no levantar la mirada.
Pero algo cambió con el paso del tiempo. Argentina empezó a cambiar, nosotras ya éramos mujeres y nuestros hijos nos preguntaron sin preguntar. La ausencia de mi padre llegaba también a los nietos. Y el azar, o el destino, nos puso frente a una frase dicha al pasar: “tremendo luchador tu padre”.
Ese fue el impulso que despertó a mi hermana. Preguntó, conoció compañeros, encontró recuerdos. Yo no pude acompañarla. Mi mente se nublaba, no podía hablar, no sabía que quería saber, no creía que alguna vez pudiera separarme de tanto dolor.
Pero mi momento también llegó. Y con la fuerza de nuestra infancia, de nuestro amor y de nuestros miedos, iniciamos nuestro recorrido. Buscamos amigos y compañeros, hablamos con la familia, golpeamos puertas y nos presentamos sólo con nuestra necesidad de saber quién era él y quiénes éramos nosotras.
Y sin creencias fuertes, ocurrió el milagro. Encontramos personas maravillosas, generosas al recordar, que nos brindaron su memoria. Tantos fragmentos de historia que hoy nos hacen sentir que estuvimos en esas asambleas estudiantiles, en esas calles fervorosas, en esas sesiones de consejo donde nuestro padre hablaba de un mundo más justo. Y lo hacía desde su humildad más profunda, pero de fuertes convicciones, con su peinado pulcro y su traje gris, aunque fuera verano.
Nuestro padre vivió años de intenso frenesí de justicia y cambio. A él no le contaron de la pobreza contra la que luchaba, venía de ella. De la zafra, del campo, de una familia de catorce hermanos, del rancho, de la intemperie.
Y cuando llegó a la ciudad, no se olvidó. Y luchó.
Después de cincuenta años, estamos paradas en un lugar de reconstrucción y sanación. El dolor es eterno, pero el corazón se calma al entender un poco más y al saber que el silencio no continúa en nuestros hijos.
Hoy queremos dar las gracias a todos los que nos ayudaron, no sólo a reconstruir la historia de nuestro padre, sino a mostrarnos el temple, la convicción, la resistencia y la lucha que aún hoy mantienen sus compañeros.
Ellos nos ayudaron a anudar nuevamente las palabras papá, abuelo, tío, a nuestra familia dolida. Este recorrido no estuvo exento de lágrimas, de impotencia y de ese sentir de no querer la historia que nos tocó vivir. Pero la verdad, la historia y la memoria, ejercieron su poder sanador y nos devolvieron la sonrisa orgullosa, el recuerdo —vivido o recreado— de nuestro padre, la tranquilidad de comprender y conocer sus convicciones y su tenacidad para no claudicar.
Nuestro padre pudo volver así a la mesa de los domingos de forma amena, en algún recuerdo o en alguna frase: “tenés las manos de tu abuelo”, “sólo mi papá me reta a mí”, “qué orgulloso estaría mi papá de verte tan grande”.
Y así, de a poco, volvió a ocupar el lugar de amor que siempre le correspondió.
Roxana y Silvia Pacheco
Una Historia Del Siglo Pasado.
Lo que mis ojos pudieron ver, mis oídos registrar, mi comprensión aprehender. Eran 6 hijas mujeres, un varón y una madre viuda. Remando en su barquita de una calle de Villa 9 de Julio, la zona rotulada como la más peligrosa de ese Tucumán que olía a hojas de caña quemada y al dulzor de su molienda. Pobre familia de huérfanos comandados por una mujer encallecida en su lucha de trabajos y de días. Parecía una bataraza que corre a cuidar sus polluelos, bajo su mirada atenta y su protección posible.
Una de las hijas mayores, murió de suicidio, otra de tuberculosis, y después otra de largo matrimonio y dos hijos y otra de larga soltería. ¿Y el varón? De querer a una que su madre no aceptaba y de casarse con otra aceptada por su Mamita.
De la menor, nacimos cuatro: yo, mis dos hermanos y mi hermana. Julia fue mi madre, Maestra Normal y Maestra Jardinera, de las tres primeras gestadas en este país. Con su rectitud, su dignidad y su particular manera de desvanecerse disimulada a la ternura. Mi padre en cambio fue siempre un huérfano en búsqueda de la madre perdida; más que padre un hermano, con su ternura y su humor santiagueño.
Mi ingreso a la Universidad llenó nuestra casa de esos cuentos que yo oía en los pasillos de FyL : ¡que el socialismo o el comunismo, que la Rev Cubana, el Imperialismo y Latinoamérica, que otro mundo más justo era posible, que las "clases sociales" ! ¿Qué era eso? Y allí fueron los hermanitos conociendo esas búsquedas. Mi madre escuchaba, al principio con desconfianza de esas versiones diferentes a su visión tan sarmientinamente estructurada. Mi padre en cambio, empleado del ff.cc, peronista hasta los huesos, se acoplaba mejor a mis novedades importadas de la Facultad.
El menor de mis hermanos fue más rápido que yo en definirse y aún estudiante del secundario, me dijo un día: "dejá de dar vueltas, venite conmigo al PRT." La etapa siguiente, merece un libro aparte.
Hoy más de medio siglo después mi hermano, el Negrito, el Tirso que replicaba su nombre del de mi padre, no aparece. Su cuerpo molido en la tortura de la Escuelita. (!! ??) ¡¡¡Ni un cuenco que retenga huellas de su sangre o sus cabellos!!! Solo los gritos de su dolor y los de sucompañera, pegados a esas paredes y a los rumores del viento que aún no se disipan en ese lugar.
Han sucedido 51 años ya, el 5 de abril de 1975 se los llevaron y aún esperamos su regreso. Aunque regresa ocasionalmente a visitarme en las mañanas cuando todavía no termino de despertar.
Clara Beatriz Yañez
06 de abril de 2026.
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