• Una burguesía nacional fallida. Por Juan Maya-Segunda parte

Fecha de Publicación: 10-05-2026

LIBERALES Y CAPITALISTAS, VAMPIROS ARGENTINOS

(2da Parte)

Por: Juan Maya

El Liberalismo y el modelo agroexportador de 1880

Conocido ese período como la “Generación del ´80”, fue un proyecto oligárquico dependiente orientado al mercado británico. Aunque algunos historiadores “revisionistas” rescatan la figura de Julio Argentino Roca (1843-1914) como el impulsor y organizador del Estado nacional, el orden político inaugurado por Roca el 12 de octubre de aquel año no representó a la nación en su conjunto, sino a una minoría, encarnada por la oligarquía terrateniente pampeana, que hizo uso de la ideología liberal para su propio beneficio.

La “Argentina Pastoril” se impuso a la nación industrial dirá el historiador Jorge Abelardo Ramos (1921-1994) en su obra “Historia de la Nación Latinoamericana”. Para él, el país quedó atrapado en una estructura económica primaria que impidió el desarrollo industrial soberano. A partir de este modelo, Argentina se conectará al capitalismo a través de su puerto exportando materias primas, granos, ganado, minerales, etc, lo que hoy llaman “commodities”. El “capitalismo 1.1” según Galliano.

Esa economía capitalista se basó en tres factores: Primero recibiendo capital externo, con inversiones británicas en ferrocarriles y servicios públicos. Segundo, con la conquista del desierto y la incorporación forzosa de territorios indígenas y, tercero, con la inmigración europea masiva que brindó mano de obra para el campo.

La Argentina había consolidado un Estado nacional liberal que no era plenamente independiente, apenas formalmente soberana, su condición de hecho fue la de una semicolonia. Nuestra economía y política exterior estaban condicionadas por potencias extranjeras y la “élite” de esa época entregada a los intereses externos. A las políticas liberales de la “burguesía” roquista le faltaban las medidas de desarrollo técnico e industrial y, como fue inevitable, cayó en manos del imperialismo británico. Peor aún, aunque Roca en su primer gobierno pretendía que el Estado fuera el impulsor de las grandes obras para el desarrollo del país, tras la sucesión de Miguel Juárez Celman (1844-1909) eso cambió drásticamente. La presidencia de Juárez Celman estuvo muy marcada por la profundización del modelo liberal que ya imperaba bajo el mandato de Roca. Se impulsó fuertemente la inversión extranjera, el endeudamiento externo y la especulación financiera lo que trajo, entre otras cosas, un colapso del sistema bancario y una crisis social y política que derivó en el intento de la “revolución del parque”. Ocurrida en julio de 1890, aquél hecho es uno de los hitos más significativos de la historia argentina. No fue solo un levantamiento armado, sino el síntoma de una crisis política y social profunda, consecuencia de las medidas liberales que implementaba el gobierno de Juárez Celman. El liberalismo como ideología dogmática de la mal llamada “burguesía” nacional estuvo desde sus inicios en todas las crisis y es responsable de la progresiva y sistemática decadencia que vivieron los argentinos a lo largo del siglo XX y aún viven en el presente siglo XXI.

 

Las contradicciones internas y la transformación social

La “revolución del parque” de 1890 fracasó pero fue el acta de nacimiento de una nueva Argentina con nuevos actores sociales y políticos en el siglo XX.

La inmigración masiva europea fue el germen de los cambios sociales que van a protagonizar el comienzo del siglo XX. Los censos de 1895 y 1914 van a revelar cifras significativas. En la ciudad de Buenos Aires, el 52% de la población era de origen extranjero, en Santa Fé casi el 40% era inmigrante. Rosario pasó de ser una aldea a tener 45% de población extranjera.

El primer efecto de semejante inmigración fue el surgimiento de una incipiente clase obrera urbana, nacen los primeros movimientos sindicales, anarquistas y socialistas. Mientras “arriba” Juárez Celman intentaba imponer lo que se llamó “el unicato”, es decir convertirse él en único jefe del PAN (Partido Autonomista Nacional) desplazando nada menos que al propio Roca, la élite alarmada miraba el creciente desafío de las masas de trabajadores bajo el liderazgo de anarquistas y socialistas. Fue el principio del fin político de una etapa marcada por el liberalismo, los negociados con el extranjero y la corrupción.

Los trabajadores ya no se quejaban aisladamente. Empezaron a aparecer las Sociedades de Resistencia. Los empresarios veían con pavor cómo un estibador en Rosario o un ferroviario en Buenos Aires ya no pedía "por favor", sino que exigía bajo la amenaza de parar la producción.

Para estos “capitalistas” el anarquismo era un fantasma tanto para el empresario como para un terrateniente. No era para menos, no les interesaba negociar un convenio, querían abolir la propiedad privada y el Estado. El anarquista se convierte así para la “burguesía” vernácula en un enemigo a eliminar.

En cambio, los socialistas, a diferencia de los anarquistas, buscaban reformas legales, por ejemplo, jornada de 8 horas, prohibición del trabajo infantil, etc. Esto también asustaba a los empresarios porque significaba que el conflicto salía de la fábrica y llegaba al Congreso para convertir en ley esos reclamos y eso era una amenaza directa de que el Estado podría comenzar a regular sus ganancias lo cual era lo mismo que una “declaración de guerra” para nuestra “burguesía” que, hasta hoy, siempre quiso todos los beneficios y ninguna obligación.

Hacia 1904, frente a ese cuadro de enfrentamiento creciente entre empresarios, terratenientes y anarquistas o socialistas, la "paz social" estaba en peligro. Entonces el segundo gobierno de Roca, a través de su ministro del Interior, Joaquín V. González (1863-1923), le encargó al médico y abogado catalán Juan Bialet Massé (1846-1907) un Informe sobre el Estado de las Clases Obreras Argentinas. Después de recorrer el país durante varios meses, Bialet Massé elaboró un informe cuyos resultados fueron lapidarios. Denunció cuadros de semiesclavitud, situaciones que la élite de Buenos Aires prefería ignorar. Describió que en los ingenios tucumanos y los quebrachales del Chaco, el peón vivía en condiciones deplorables. Existía un sistema de "proveeduría" o "vales" que obligaba al trabajador a comprar comida cara al propio patrón, manteniéndolo siempre endeudado. Las jornadas  de trabajo eran inhumanas, verificó turnos de 12 a 16 horas de trabajo físico agotador sin descanso dominical. Trabajo infantil y femenino. Documentó cómo niños y mujeres cobraban una fracción del salario de un hombre por realizar tareas casi idénticas en condiciones de insalubridad total. Esa era nuestra “burguesía” liberal. Basándose en ese informe, Joaquín V. González presentó la Ley Nacional del Trabajo. Fue un proyecto ambicioso que proponía la conquista de nuevos derechos para el mundo del trabajo. El proyecto fue rechazado por los empresarios, afirmaban que "atentaba contra la propiedad privada" y les quitaba poder, presentado en el Congreso de la Nación también fue rechazado. Esa fue la respuesta de la élite burguesa nacional, es la misma respuesta que dan hoy en 2026 al aprobar la reforma laboral cuya finalidad es quitarle derechos al trabajador.

La parálisis del desarrollo y la "burguesía de renta"

Este rechazo al proyecto de Joaquín V. González no fue un hecho aislado, sino la confirmación de una patología de origen, la burguesía argentina no nació con vocación de riesgo industrial, sino con alma de rentista. Mientras en Estados Unidos o Alemania las clases dominantes reinvertían sus excedentes en maquinaria y tecnología para expandir el mercado interno, aquí la élite desviaba sus ganancias hacia el consumo suntuario en París o la compra de más tierras para especular.

El proyecto del gobierno de Roca no era una simple ley, sino un Código del Trabajo integral con más de 460 artículos que buscaba sistematizar y regular por primera vez la relación entre el capital y el trabajo, era todo un avance para la época, establecía jornada laboral de 8 horas, descanso dominical, protección del trabajo infantil y femenino, obligaba a los patrones a garantizar condiciones mínimas de salubridad, etc. sin embargo nunca pasó el filtro del Congreso nacional.  

El “código” proponía transformar las relaciones laborales, aunque su intención era integrar a la clase obrera al sistema capitalista para neutralizar la influencia del anarquismo y el socialismo. Recién cuarenta y un años después Juan Domingo Perón (1895-1974) y las políticas justicialistas de su primer gobierno pondrían en vigencia el proyecto de Joaquín V. González.