• Mojones de 50 años de historia nacional

Fecha de Publicación: 12-04-2026

Mojones de 50 años de historia nacional

Compilado del guionado para los videos del FSN

Hace 50 años, en 1976, comenzó a ejecutarse el proyecto de entrega del país a cuya continuidad asistimos aún hoy. Para este fin, la clase dominante argentina necesitó ejecutar el segundo gran genocidio de nuestra historia. El primero fue cuando resolvieron apropiarse de las tierras en manos de los pueblos originarios. Esta segunda vez fue necesario aniquilar primero las fuerzas populares, sus organizaciones y las organizaciones obreras para reiniciar el plan económico de desguace nacional.

Ese plan económico tuvo, entre otras muchas medidas, dos que fueron fundamentales:

Alto endeudamiento externo y una ley de entidades financieras que sigue vigente. Ambas herramientas de dominación siguen siendo los resortes fundamentales del mecanismo diseñado para despojarnos de soberanía. Y jamás fueron desmontados por los breves interregnos de progresismo que solo maquillaron temporalmente la entrega.

Para ser libres hoy, hay que romper las leyes que nos encadenan con el 76. Llevamos 50 años intentando recuperar una fuerza social y política capaz de romper el destino de la dependencia que fabrican los poderes económicos extranjeros y sus aliados criollos.

Ellos, desde el poder real e institucional cambian las estructuras que el progresismo no quiere verdaderamente cambiar

Cuando la dictadura hubo cumplido su tarea genocida y el terrorismo de Estado hizo pie en las conciencias, se habilitó la posibilidad política de continuar con el proyecto económico de las clases dominantes.

La resistencia no logró construir alternativa, los 30.000 ya no estaban y el terror sembrado fructificaba en la conciencia del “sálvese quien pueda”. El peronismo menemista se apropió del proyecto neoliberal y, en la presidencia más larga de la historia argentina, motorizó los mayores cambios estructurales de la economía.

Privatizó totalmente el comercio exterior desde los puertos a las vías navegables y la salida al mar. Provincializó las riquezas mineras y del subsuelo, Entregó a los capitales las mayores empresas del Estado vendiéndolas a vil precio, Privatizó hasta las jubilaciones y muchas otras medidas destinadas a desapropiar a los argentinos de sus posesiones comunes.

Al termino de sus 10 años y seis meses de mandato el país ya mostraba una estructura adecuada para completar la destrucción: Con los sindicatos totalmente burocratizados y una democracia cuya supervivencia se limitaba a un amañado sistema electoral, la intervención militar ya no sería necesaria. El terrorismo de Estado hizo su parte, la política neoliberal el resto.

Pasada la dictadura y las transformaciones logradas por el peronismo menemista  llegó en forma azarosa el kirchnerismo tras la debacle de la Alianza en 2001.

Por primera vez en mucho tiempo vimos recuperar los salarios y políticas públicas. Incluso algunas medidas económicas que parecían prometer una historia distinta. Se recuperó el sistema jubilatorio solidario, se diseñó la moratoria provisional, se salió de la órbita del FMI, se estatizó la línea aérea de bandera y hasta se recuperó para el Estado la mitad de YPF. Y por supuesto la política de Derechos Humanos ejemplo en el mundo. Para mencionar sólo algunas medidas. 12 años de gobierno parecieron prometer mejor futuro. Sin embargo, en ese mismo tiempo, se reprivatizaron los puertos y las vías navegables manteniendo al Estado fuera del manejo del comercio exterior. Tampoco se derogaron importantes leyes como la de entidades financieras de la dictadura o la ley de minería del menemismo. La fuga de capitales continuó sin cambios y los subsidios al consumo lograron grandes ganancias a bancos y empresarios sólo para que esos beneficios salgan del país en su mayor parte.

El emprendedurismo incluso fogoneado por las políticas públicas, el monotributo como institucionalización de la informalidad, y el clientelismo a las llamadas organizaciones sociales, configuraron un escenario ideal para la propagación de un sentido común ligado a la individualidad. Entretanto el partido judicial multiplicó su operatividad alcanzando máximos de poder político mientras los capitales desarrollaban sus algoritmos de la economía de plataforma.

La llegada del kirchnerismo se había producido luego de 3 mandatos de gobiernos entreguistas, privatizadores. La Alianza, con casi los mismos actores de hoy (Bullrich, Stuazeneger) los ajustes, el corralito, los saqueos, el estado de sitio. Tres presidentes en una semana y finalmente, con Duhalde los asesinatos de Kosteki y Santillán. Después de 12 años de kirchnerismo, con Scioli candidato se entrega el gobierno a Macri... el poder político al neoconservadurismo más rancio y retrograda. Comienza otra la vuelta atrás con una fuerte devaluación monetaria. Aumentan drásticamente las tarifas de luz, gas y transporte, se regresa al alto endeudamiento y a las fauces del FMI. Se eliminan las retenciones a las exportaciones para beneficio de las multinacionales graneleras y comienzan a abrirse las fronteras a las importaciones. Aun así, el llamado círculo rojo lo acusa de demasiado gradualista y le quita su respaldo. Los mercados le dan la espalda y termina perdiendo las elecciones a manos del delfín del kirchnerismo Alberto Fernández. Pandemia mediante, el gobierno no acierta a encontrar algún rumbo y resigna el poder político en las manos de la derecha peronista personificada en Sergio Massa que lleva la economía al desastre con una inflación del 200% anual. En ese escenario aparece la figura disruptiva de Javier Milei que termina en el sillón de Rivadavia para, finalmente, completar la tarea que comenzara en 1976. Se instrumenta la destrucción del Estado, la entrega de soberanía, más endeudamiento, destrucción de la industria, profunda pérdida de poder adquisitivo y todo tipo de derechos. Se consolida la economía de plataforma y la estructura económico-social orientada a la desarticulación de toda subjetividad colectiva, al individualismo a ultranza. La batalla cultural aparece perdida y el destino de nuestro país signado por el triunfo de la economía diseñada por las clases dominantes desde antes de 1945.

Recuperar la iniciativa es un deber:

Por los revolucionarios de nuestra primera independencia, por los treinta mil, Por la Memoria de verdad y sobre todo por la Justicia para nuestro pueblo soberano.