• El presidente más sionista del mundo, no puede ser presidente del pueblo argentino.

Fecha de Publicación: 22-03-2026

Por Mario Mazzitelli

El sionismo internacional hizo un buen trabajo. Puso a uno de los suyos a competir por la presidencia de Argentina. Movilizó enormes recursos financieros, mediáticos, propagandísticos y logró que millones lo votaran. Hace 27 meses que Milei es el primer mandante del país. Siendo su mandatario el sionismo.

A confesión de parte, relevo de pruebas.

El día 9 de marzo de 2026, en la Universidad Yeshiva de Nueva York, el presidente Milei hizo afirmaciones temerarias: “Estoy orgulloso de ser el presidente más sionista del mundo”, “Vamos a ganar (la guerra contra Irán). No me cae bien Irán. Nos han metido dos bombas, una en la AMIA y otra en la Embajada de Israel. Por lo tanto, digamos, son nuestros enemigos. Pero además tengo una alianza estratégica con Estados Unidos e Israel" y reiteró “…soy el topo que vino a destruir el Estado” Argentino. No el Estado Israelí.

Toda su mirada es la de un sionista, no un argentino. Los intereses que defiende son los de Israel, no los de Argentina. Declaró que Irán es nuestro enemigo, que estamos en guerra (sin que el Congreso Nacional haya dicho nada al respecto) y que “vamos a ganar” dicha guerra. Todas afirmaciones ajenas a la tradición argentina vinculada a la defensa de la paz y del derecho. Afirmaciones más que suficientes para un juicio político.

El sionismo

El sionismo es un movimiento político que se propuso que el pueblo judío se asiente en un territorio propio. Para justificar su lugar en el mundo recurrieron a la Biblia. En esta narrativa (que me cuestan entender) parece que Dios les prometió, a los descendientes de Abraham, Isaac y Jacob, la zona donde actualmente está asentado el Estado de Israel (donde desde hacía miles de años estaba asentado el pueblo palestino) En el Monte Sinaí Dios habría establecido este pacto con el pueblo judío y Jerusalén sería el centro de la vida religiosa.

Fundación del Estado de Israel

En 1948 se estableció el Estado de Israel. Pronto se cumplirán 80 años. Sanas expectativas y grandes esperanzas acompañaron aquella fundación. Un pueblo que había sufrido el holocausto (a manos del nazismo) se hacía con un  pedazo de tierra en el que desarrollar su vida comunitaria. Allí concurrieron las principales potencias (ganadoras de la segunda guerra mundial) y la diáspora judía. Los mejores sentimientos parecían nutrir aquella experiencia.  Ocurrió que, bajo el tablado en el que se desarrollaba la escena, se escondían los más oscuros intereses y las más deplorables ambiciones.

Cuando se dice que Israel es la presencia de occidente en oriente medio, se quiere decir que es el Estado representante de los intereses de las corporaciones y estados occidentales en la región; porque posee las reservas de petróleo más grandes del mundo. Es decir, un Estado gendarme o vigilante de lo que ocurre allí. Una suerte de portaaviones imposible de hundir.

Pero el sionismo no se conforma con ese papel. Podría haberse asentado en el territorio y empezar a ser un buen vecino. No ocurrió eso. Hubo intentos, pero fracasaron, en algunos casos con homicidios mediante. Rápido mostraron sus ambiciones territoriales (a partir de las cuales avasallaron y avasallan los derechos de los pueblos que lo rodean, asentando colonos, provocando una limpieza étnica o un genocidio –como todos vimos en Gaza- Nadie niega el derecho del pueblo judío a la seguridad, pero jamás a expensas de la vida y el derecho de los otros pueblos) “Espacio vital” diría algún jerarca alemán en la década de 1930. El gran Israel lo llaman otros en la actualidad. Pero no quedan ahí sus aspiraciones. Hay que observar su influencia global a través del manejo de medios de comunicación, del sistema financiero, sus servicios de inteligencia o su capacidad de penetración en estamentos de poder, privados y estatales. Este último, es nuestro problema.

Argentina defiende la Paz.

El más alto exponente del liberalismo argentino, Juan Bautista Alberdi, escribió un extraordinario libro (que debería ser de lectura obligatoria en las escuelas del mundo) “El crimen de la guerra”. Empieza con estas palabras: “El crimen de la guerra…el derecho de la guerra, es decir, el derecho del homicidio, del robo, del incendio, de la devastación en la más grande escala posible; porque esto es la guerra, y si no es esto, la guerra no es la guerra. Estos actos son crímenes por las leyes de todas las naciones del mundo” Alberdi identifica tres tipos de factores que convierten a la guerra en crimen. Primero está su objeto: “...la conquista, la destrucción estéril, la mera venganza, la destrucción de la libertad o independencia de un estado y la esclavitud de sus habitantes”. El otro lo marcan sus medios: “...la traición, el dolo, el incendio, el veneno, la corrupción”; es decir, “las armas del crimen ordinario”... Y el tercer motivo de crimen lo constituyen sus resultados y efectos, porque, incluso si la guerra es justa en origen, “degenera en conquista, opresión y exterminio”.

Dirá Alberdí: “No hay más que un medio de transformar la guerra en el sentido de su legalidad: es arrancar el ejercicio de sus violencias de entre las manos de sus beligerantes y entregarlo a la humanidad convertida en Corte soberana de justicia internacional y representada para ello por los Estados más civilizados de la Tierra.” Es decir nuestra tradición está vinculada a los más altos valores en favor de la vida, la dignidad, el derecho y la posibilidad de arbitrar de algún modo la diferencia entre los pueblos. Por eso estamos orgullosos de nuestros dos premios Nobel de la Paz, de la posición de los gobiernos argentinos frente a las grandes guerras, de nuestra mejor tradición.

Milei no parece liberal, ni libertario, ni argentino sino sionista. Lo que lo ubica tan lejos de los objetivos de nuestra Constitución Nacional, que obliga a nuestros representantes a iniciarle un juicio político.