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Sistema de dominación y relaciones de poder
Fecha de Publicación: 08-02-2026
Por Francisco Ramos
"Salvo el Poder, todo es ilusión" Vladimir Ilich Lenin.
Hasta el advenimiento de las ideas y propuestas para democratizar el poder, la historia de la humanidad, con el patriarcado como sistema de poder dominante y sus distintos formatos, nos ha impregnado de razonamientos jerárquicos normalizados culturalmente desde el núcleo familiar y como sociedad toda, que nos inhibe siquiera imaginar otras formas de relacionarnos entre las personas y sus grupos de identificación y pertenencia, sean un club literario o deportivo, una organización social o política, una empresa laboral pública o privada, un país u organismo internacional.
Las rebeliones surgidas en principio sólo como oposición a las tremendas condiciones de dominación según la etapa histórica, contra el esclavismo, contra el poder monárquico, luego, contra el colonialismo y el imperialismo más recientemente, debieron pensar como romper esas relaciones y construir nuevas, basadas en el respeto y la igualdad entre las personas.
Valores distintos, diametralmente opuestos a la "explotación del hombre por el hombre", palabra que encima tenía significado de "universal" del sufragio de 1912, cuando ni siquiera se debatía si las mujeres eran científicamente aptas para poder votar...
Esa lucha de clases, de dominados contra dominantes, como motor de la historia, ha tenido hitos impresionantes de victorias populares y métodos prácticos demostrables y posibles de otras formas de convivencia pacífica entre las personas y sus comunidades. Ya sea como bolsones de justicia dentro del injusto sistema capitalista dependiente periferico y el independiente central, como las organizaciones sin fines de lucro, el movimiento cooperativo y mutualista, las empresas recuperadas dirigidas por los trabajadores, y sistemas político-económicos de naciones o grupo de ellas como el Socialismo, con otras reglas humanas de colaboración y repartición equitativa de los frutos del trabajo. ¿Porque, si colectivo es el esfuerzo porqué deben ser privadas las ganancias de ese trabajo?
Otras formas de pensar más naturales y justas comenzaron a surgir, que pusieron en tela de juicio siglos de "natural" explotación.
Hablamos de que el sistema, o sea las personas y sus empresas beneficiarias, naturalizaron el conjunto de ideas no naturales, agrupadas en lo que se conoce como "sentido común", para darles sentido y hacer común algo que definitivamente no lo es.
Esa perversa "comunización" del sentido de la explotación como sistema de dominio, donde se universaliza el formato de relación y se obtura toda posibilidad de cambio, es inherente al mismo sistema y choca con el concepto democratizador de participación y toma de decisiones.
Una equidad de valoración entre las personas que sólo un día cada tanto se expresa en el acto político electoral y luego se vuelve a restringir el resto del periodo de la gestión de gobierno.
Y así como pasa en el colectivo de una sociedad, donde las jerarquías económicas valen mucho más que las éticas e idóneas, tanto o más se desarrollan esas mismas categorías en el plano individual y de "pareja" que justamente debería serlo, y muchas veces no lo es.
En el plano individual repetimos estructuras mentales aprendidas desde pequeños que nos encierran en prejuicios y juicios de valor de otras personas, discriminándolas por sus capacidades físicas o mentales disminuidas, por su color de piel, por su nivel económico, su educación o instrucción académica, y encima repetimos esas estructuras de poder injusto dentro del entorno familiar, laboral y conyugal, transformando relaciones de "pareja" en relaciones de "dominio" a través de distintos patrones (que palabra sujerente!) dónde el económico es la estrella, pero dónde también tallan otro tipo de jerarquías para el uso abierto o subliminal del poder en la pareja, como el nivel de estudio, o el origen de pueblo, como si fuera una razón lógica de inferioridad. En todo caso hablamos de reproducir en nuestra vida cotidiana, incluso hasta en organizaciones políticas que luchan contra toda forma de discriminación, esa manera de desprecio o inferioridad impuesta no natural, para sentirnos por encima, superiores a la otra.
Y lo peor es que a veces lo hacemos sin darnos cuenta, de forma chistosa, o como un comentario al pasar sin mucha importancia.
Descolonizar ese razonamiento irracional de nuestras mentes es el primer paso para desterrarlo de nuestro vocabulario y nuestro accionar, para poner en práctica, en serio, valores humanos de solidaridad desde nuestra vida cotidiana hacia una militancia popular que rompa de raíz con los conceptos capitalistas de dominación y establecer conceptos socialistas de cooperación entre las personas y sus organizaciones.