• Y ustedes ¿Qué hicieron por nosotros?

Fecha de Publicación: 01-02-2026

Por Armando Benitez-FSN-Chaco

Desde que empezó el brutal ajuste del gobierno de Milei, que él había anunciado durante su campaña, entre distintos sectores sociales comenzó un pase de facturas por la falta de solidaridad.

A dos años de ese gobierno ese resquemor ha aumentado a niveles, mucho más que preocupantes, haciendo cada vez más dificil la unidad en la acción.

Las redes son el vehículo ideal para enrostrar culpas al otro, “estos sólo mueven el culo cuando les toca a ellos”, “ahora van a saber lo feo que es aguantar solos…” o, uno de los más preocupantes “ahora que le sacaron su premio, van a saber lo que es vivir con un sueldo como el nuestro”

¡En medio de toda esa torre de Babel, se puede escuchar lo mejor del repertorio de resentimientos “je! Estos que dicen que trabajan, con aire acondicionado y tomando café, ¿nunca se preocuparon por nosotros y ahora?”

El sistema capitalista está basado en la inexistencia de la solidaridad, en el individualismo, en lo sectorial, en el tristemente célebre “¿Salvese quien pueda!”.

Desde la gran inflación que nos azotó como pueblo en 1989, el sistema fue consolidando la división de la clase trabajadora en más segmentos de los que hasta alli ya había, sobre todo en el sector público.

Para 1995 aparecieron los primeros planes sociales, en el 2023 ya no se sabía ni cuántos eran, el Estado absorbía cada vez más desocupados bajo muchos títulos, pero todos con el sello de la precarización.

El Estado neoliberal se convirtió en el mayor precarizador del trabajo, violando el precepto constitucional de “a igual tarea igual remuneración”.

A todo esto se sumó el hecho de que varios sindicatos, nacionales y más aún los provinciales no protegían los derechos de los precarizados, por lo que los movimientos sociales se convirtieron en la representación de los planes, consolidando la división.

Lo que debemos saber distinguir es que el fraccionamiento de la clase trabajadora es un permenente objetivo de las patronales, incluido el Estado, como empleador, así como la rebaja de los salarios, ellos pretenden igualar hacia abajo, aplican la Constitución al revés, dejan de lado olímpicamente el texto del Art. 14 Bis.

Cómo surge la solidaridad, ¿qué motiva el acto solidario?

¿La solidaridad va prendida a la necesidad, nace como un fueguito chiquito, “vecina me prestaría una taza de azúcar?”, nace entre las relaciones más cercanas, familiares laborales y se hace social cuando más acuciantes son los problemas e involucran a todos, por ejemplo todos los despedidos de una fábrica. Así surgieron las ollas populares en la década de 1930 y todas las experiencias dejaron su enseñanza, la del 2001 fue notable, se cantaba: “piquete y cacerola, la lucha es una sola!” y el “que se vayan todos…”

La solidaridad es una herramienta activa de la unión entre trabajadores como la definía Agustín Tosco, a lo que agregaba “no lucha contra la injusticia sólo el que la padece, sino también quien la comprende”.

Los primeros que debieran  tomar en sus manos esta herramienta, son los delegados gremiales y dirigentes sindicales, algo que ha venido ocurriendo menos en las últimas décadas, cada cual ha cuidado su kioskito y así es como nos va.

Hay que salir de esa trampa de resentimientos y resquemores y se lo puede hacer estableciendo una bandera común: salarios dignos para todos, estabilidad laboral, basta de ajustes por el equilibrio fiscal qué es la forma en que hacen pagar al pueblo la deuda externa de la que sólo ellos son los beneficiarios.

Hagamos realidad aquellas viejas consignas: ¡Unidad, solidaridad y organización! O la más actual: ¡UNIDAD DE LOS TRABAJADORES Y AL QUE NO LE GUSTA SE JODE!