• De la Gran Colombia a la Gran Colonia

Fecha de Publicación: 01-02-2026

Por Francisco Ramos-FSN-CABA

Es absolutamente necesario comprender la política del pasado para entender con claridad la actual historia de nuestro presente.

Sin Memoria histórica no hay comprensión alguna, una Memoria basada en la Verdad de los hechos, más allá de las interpretaciones de historiadores de distintos pelajes. Revisar la historia apoyándonos en estudios de autores americanos y en los viejos documentos, no sólo con los pies en este Hemisferio "nuestro" y no del yanqui usurpador, sino y fundamentalmente con la cabeza bien puesta en este continente, despojados de todo colonialismo mental norteño eurocéntrico, anglofilo y sionista.

Sólo así, desde aquí con nuestros pueblos y por ellos, que somos nosotros mismos, podemos entender que no fuimos descubiertos, que nosotros descubrimos otros seres de ropajes extraños y enormes naves de madera, que nos sometieron, por las buenas o las malas, con la cruz y con la espada, que resistimos por siglos y muchos hijos de europeos nacieron en estas tierras y fueron mestizos y criollos; trajeron negros esclavos de otras colonias y fuimos mulatos y zambos libertos, guerreros por la independencia de un nuevo suelo que los adoptó a todos como propios. Y fuimos Colonia y peleamos codo a codo por dejar de serlo. Episodios foráneos nos impulsaron a lograrlo, las ideas jacobinas de un tal Rousseau de las rebeliones parisinas, la caída de Fernando VII de la metrópolis que nos reinaba, y la firme convicción que podíamos ser libres de toda potencia extranjera, animaron a miles de patriotas originarios, criollos y hasta españoles antimonárquicos, ha escribir las más bellas y valientes páginas de nuestra historia emancipadora.

Las ideas y el ejemplo de San Martin y Bolivar corrieron como pólvora encendida por toda nuestra América, pero lacayos locales unidos a nuevos imperios dominantes han truncado aquellos ideales de una gran Colombia y de las Provincias Unidas del  Sur, en un proyecto de Unidad política, social y cultural como son nuestros pueblos, heridos pero resistentes en la gran marcha por la Liberación. Los tiempos cambian y también los imperios de dominación pero lo que nunca cambia es el sentimiento antimperialista del pueblo sometido, adormecido, pero latente en las venas de Ayacucho, de millones sacrificados por las pestes y en Potosí, en las nuevas luchas guerrilleras de Sierra Maestra y nuevos líderes como Chávez, Fidel y el Che. Con las raíces ancestrales de los mayas, incas y guaraníes, mezclados con negros haitianos, afros bahianos y orientales, gauchos y llaneros, aymaras y coyas. Desde la tierra de Zapata hasta el Chile de Allende, y la Argentina del primer Perón.

Salvo contadas excepciones, todo intento soberano, todo grito de libertad fue ahogado en sangre y represión, para tener conciencia de ante quien nos enfrentamos.

En este primer cuarto del siglo XXI cuando se están poniendo en juego viejas reglas violentas de dominación y surgen nuevas violencias de rebelión, hasta en las propias entrañas del monstruoso emperador, es necesario volver a revisar esa nuestra propia historia, la que hasta aquí nos trajo, para corregir rumbos y acordar que sin unidad de los de abajo no nos será posible tener al menos una oportunidad para triunfar sobre semejante enemigo.

Unidad y patriotismo, pero no de las naciones descuartizadas en que nos dividieron, sino de una Patria Grande, con un proyecto propio en conjunto con otros bloques que pujan por un orden internacional justo sin dominación con relaciones civilizadas y respetuosas de una convivencia pacífica mundial.

¡Soñar no cuesta nada, pero debemos luchar por hacerlo realidad como continuidad de aquellas batallas de una misma guerra... y en eso estamos!